Bilingüismo a la madrileña
Mayo 29th, 2010


Hace tiempo que los bilingües naturales se preguntan cómo denominar a los nuevos bilingües globales que aspiran a dominar en España el inglés, como lengua franca universal, además del español. Este bilingüismo español-inglés, hoy ampliamente amparado y favorecido por el sistema educativo, que se convierte en trilingüismo en las comunidades con dos lenguas oficiales y en aquellas comunidades monolingües que integran dos idiomas en secundaria de forma obligatoria, en su diferentes modalidades curriculares (AICLE incluido), había convivido hasta ahora con el bilingüismo español-alemán o español-francés, o incluso alguna otra opción menos extendida.
Lo que no había sucedido es que esta convivencia se viera amenazada en aras de un único modelo de bilingüismo, español-inglés, siguiendo criterios que, contrarios al valor del plurilingüismo y la diversidad de lenguas, centrasen el argumento reduccionista en términos de ‘las lenguas como problema’, tal como recientemente lo ha planteado la Consejería de Educación de Madrid al considerar que trabajar con dos idiomas es un problema porque, según palabras de un portavoz, “los alumnos tendrían que ampliar el horario lectivo hasta 35 horas de clase. Eso conlleva una sobrecarga que pone en serio riesgo el éxito de los programas de idiomas”. Y es que la Comunidad de Madrid, con un presupuesto que supera los 10 millones de euros aumenta el curso que viene sus centros bilingües en un alto porcentaje. Eso sí, centros bilingües español-inglés a costa de prescindir progresivamente de las secciones bilingües de francés ya existentes.
Este es el caso del instituto Severo Ochoa de Alcobendas. El instituto consiguió una sección lingüística de francés en el año 2006 gracias a un acuerdo entre la Comunidad de Madrid y la Embajada de Francia que afecta a 15 institutos. Los 244 estudiantes apuntados en el Severo Ochoa aprenden en francés las ciencias sociales, las naturales, música y plástica, con cinco horas semanales. “Estábamos encantados con el modelo”, explica un miembro del AMPA del instituto, con dos hijos en la sección bilingüe que Educación quiere eliminar el curso que viene, aunque la consejería garantiza que los alumnos ya matriculados acabarán la secundaria dentro del programa.
Desde el instituto aseguran que no sabían que tendrían que hacer un trueque. “No nos avisaron de que podíamos perder el francés si optábamos al inglés. Queremos las dos opciones”, sostiene el secretario del centro. “Cerrar esta sección es echar por tierra el trabajo de profesores y padres. Nadie entiende lo que ocurre”, protesta el agregado de cooperación educativa de la Embajada de Francia. A su juicio, esta postura de la Comunidad rompe el acuerdo que firmaron hace cuatro años y pone en peligro las secciones de francés de los otros 14 institutos., asegurando que no hay “ninguna razón técnica para no habilitar dos secciones […], este tipo de centros ya funcionan en otras comunidades autónomas, como Murcia o Andalucía. La Embajada de Francia atiende en la actualidad a 26.000 alumnos en 307 secciones bilingües en España.
Por otra parte, los madrileños llevan ya meses conviviendo con la campaña publicitaria “Yes, we want”, parafraseando el lema de campaña de Barack Obama, ‘Yes, we can’. El despliegue informativo que ha realizado la Comunidad, cifrado en 1,8 millones de euros, para dar a conocer su programa abarca tanto anuncios en radio como en televisión, además de cartelería para el mobiliario urbano. Empieza el anuncio y una niña dice, en un inglés muy aceptable: “We want to learn another language”. Cambia el plano y se ve a una docena de chavales en una cancha de baloncesto que gritan a cámara: “Yes, we want”. Lo mismo en la radio, en las marquesinas, los autobuses… Uno piensa en Obama y en su archiplagiado eslogan ‘Yes, we can’. Con una diferencia: la copia, que pertenece a la campaña con la que el Gobierno regional promociona los colegios bilingües, es gramaticalmente incorrecta. “Me chocó cuando vi el anuncio en el autobús. Pensé: Falta algo”, dice una filóloga especialista. “La frase es gramaticalmente incorrecta”, explica. “Tiene que haber un complemento directo detrás; lo pide el verbo”. ‘Yes, we can’ es correcta porque se trata de un verbo modal que, al igual que los auxiliares (to do, to be), se puede utilizar en respuestas cortas como esta. Lo correcto sería “I want to”, en todo caso. “Han supeditado la corrección gramatical al impacto que puede tener un eslogan publicitario”, opina otra experta.
“Desde el punto de vista de la comunicación y el marketing, considero que no es buena idea mezclar inglés y español”, asegura David Blundell, director de comunicaciones del British Council. “No, no queremos”, dice la traductora Leonie Woodin: “Es un error gramatical tan grande que cualquiera de los alumnos de esos colegios suspendería si lo reprodujera en un examen”. “Refiriéndose a la educación, es una falta muy grave”, afirma Gillian J. Birch. Con un coste de un 1,8 millones de euros, parece que no ha habido presupuesto para un corrector que evitara un inglés incorrecto en la frase central del mensaje publicitario.
Pero alejándonos del purismo lingüístico, y de la polémica en torno al mensaje publicitario, que no son nuestro objetivo, dejamos aquí constancia de nuestra verdadera preocupación ante estos hechos: la dejación de la responsabilidad de apoyar el conjunto de la escuela pública al hacer una costosísima campaña de escolarización centrada en un determinado tipo de escuelas y en un modelo de bilingüismo exclusivo y contrario a la diversidad lingüística. Eso es lo que queda. La propaganda y el dinero que costó, innecesariamente, se los lleva el viento.












