
[Esta entrada ha sido ha sido realizada por estudiantes del titulo de Maestro-Lenguas Extranjeras]
A partir de la lectura del documento Portfolio Europeo para Futuros Profesores de Idiomas nos planteamos que era un buen momento para reflexionar sobre nuestra formación como futuros profesionales de la educación. Nos centramos en dos de las reflexiones que nos parecen más relevantes:
¿Cuales son tus principales expectativas de tu formacion como profesor?
¿Qué exiges principalmente de tu formacion como profesor?
Lo primero que se nos ocurre, en cuanto a expectativas y exigencias se refiere, es “aprender”, pero para nosotras el aprendizaje implica necesariamente desarrollo personal: tener la oportunidad de desarrollar una serie de capacidades que contribuyan a mejorar nuestras competencias en los diferentes ámbitos de la enseñanza.
El primer problema que encontramos es que nos presentan las materias como áreas de aprendizaje, lo que te lleva a asumir que lo mas importante es aprender los contenidos de esas materias que más tarde utilizarás en las prácticas. ¡Y con eso debería funcionar!
Una vez que vas a las prácticas te encuentras con que las verdaderos áreas de aprendizaje son otras: tengo que ceñirme a un contexto curricular, tengo que seleccionar una metodología y los recursos adecuados, tengo que programar un curso, tengo que dar clase, tengo que evaluar el aprendizaje y fomentar la autonomía del alumno… Nos faltan piezas del puzzle.
El segundo problema es la disociación entre la teoría y la práctica educativa en las propias aulas de la Facultad. Por nuestra experiencia sabemos que lo que ocurre en el aula refleja de modo más auténtico el verdadero enfoque ideológico del profesor y que, en muchos casos, se contradice con las teorías que predica. Esto da pie a que se multipliquen los espacios de debate fuera del aula, a espaldas de nuestros formadores en la universidad, porque no se nos brindan canales de participación y diálogo que contribuyan a la construcción de nuestro propio aprendizaje.
Tercer problema: el divorcio entre las actividades de formación en la universidad y las prácticas formativas en los centros de primaria, que representan la vida real, aquello a lo que nos tendremos que enfrentar en el futuro.
Necesitamos acceso a las aulas, necesitamos experimentar, manipular, observar, reflexionar, poner a prueba la validez de la información teórica que vamos recibiendo, provistos del andamiaje necesario por parte de nuestros formadores. Esto no es posible en las condiciones actuales en las que las prácticas formativas están desconectadas del proceso de enseñanza-aprendizaje y, a mayores, no contamos con un proyecto negociado entre los agentes implicados, es decir, el alumno, el tutor de la Facultad y el tutor de centro receptor.
Como transfondo a esta problemática de índole más general constatamos que no existe un Proyecto Lingüístico de Centro específico para nuestra formación. Esto puede explicar que los componentes de la enseñanza/aprendizaje de las lenguas hayan sido diseccionados: por una parte se tratan los componentes lingüísticos y por otra los componentes didácticos. Con semejante corte, de perfección quirúrgica, se hacen desaparecer los ligamentos socioculturales y socioafectivos que hacen de las lenguas una parte viva y dinámica de la cultura de los pueblos y un componente esencial de su identidad.
¿Como transmitir a nuestro alumnado una conciencia intercultural, una visión amplia del aprendizaje que abarque la diversidad de lenguas y culturas en la que ya estamos inmersos? Necesitamos una formación orientada a la investigación, pues es la única forma de generar innovaciones relevantes para mejorar y enriquecer las relaciones entre la comunidad educativa de la que indudablemente formamos parte: como alumnos, como profesores, como padres/madres, como agentes sociales, etc.
Y así, poco a poco, se van haciendo visibles las piezas que faltaban en el puzzle, aquellas que le dan cohesión y significado: contextos de interacción donde se fomente el diálogo, cooperación y colaboración entre los profesionales implicados en la formación del profesorado, procesos de evaluación basados en la reflexión, espacios de participación que provean feedback…
En este punto os proponemos elaborar entre todos una lista de propuestas concretas para mejorar la formación inicial del profesorado. Con una propuesta por persona sumaríamos un total de veinte o treinta reivindicaciones, que incluso se podrían trasladar a la administración universitaria por los cauces adecuados.