Vergüenza y dignidad: cómo mueren las lenguas

A instancia de varias personas que nos lo han solicitado, y ante el interés despertado por el magnífico reportaje que ha publicado José Luís Aranda en El País hace dos días, nos hacemos eco aquí de su contenido para mayor difusión del mismo a través de un extracto de sus puntos de interés. Especialmente dedicado a todos los que, acríticamente, viven en la obsesión de la gran lengua única universal con la esperanza de que su conciencia se avive:
«Aunque parezca complicado, hay un país en el que cantar el himno es casi más difícil que en España. El pasado 11 de junio Sudáfrica inauguró su Mundial y el himno nacional sonó ante millones de telespectadores en todo el mundo. ¿Cuántos se dieron cuenta de que las 80.000 personas que abarrotaban el estadio Soccer City de Johanesburgo tuvieron que cambiar hasta cinco veces de lengua para entonar la canción al unísono? ¿Cuántos sabían que Sudáfrica tiene 11 lenguas oficiales? ¿Sabías que entre esas nueve lenguas no se encuentra el korana, que según la Unesco no hablan más de seis personas y es un firme candidato a unirse a la lista de idiomas extintos? ¿Cómo sobrevive y cómo muere una lengua?
A principios de este año, medios de todo el mundo celebraron un funeral por el idioma bo cuando la última hablante de esa tribu de las islas Andamán (India) falleció a los 85 años. Sin embargo, la lingüista Colette Grinevald, con cuatro décadas de experiencia de trabajo con lenguas indígenas americanas, pone en duda el concepto de último hablante: “Es un mito para periodistas, nunca se sabe cuál es la última persona que habla una lengua porque los últimos hablantes se esconden al ser una lengua despreciada”. Grinevald (Argel, 1947) recuerda los primeros manifiestos a favor del plurilingüismo en los 80 y asegura que los lingüistas llegaron “con 20 años de retraso respecto a los biólogos” en la defensa de la diversidad. De vuelta a 2010, los programas se han multiplicado, pero no está claro que la ayuda sea suficiente y los expertos estiman que más de la mitad de las 6.000 lenguas que se hablan en el mundo están amenazadas.
De Kurdistán a Nicaragua
“El programa Sorosoro se inició en junio de 2008 tras dos años de reflexión y preparación. Su finalidad es contribuir a la salvaguarda de las lenguas y las culturas en peligro a través de los medios audiovisuales” cuenta Rozenn Milin, directora de esta iniciativa de la Fundación Chirac, la organización creada por el ex presidente francés. Nacida hace medio siglo en la Bretaña francesa, en cuya lengua lanzó una televisión bilingüe pionera en Francia, Milin relata por correo electrónico que se concienció definitivamente sobre la diversidad cultural en un viaje al Kurdistán turco a principios de los 80: “Había un pueblo sin apenas electricidad con un único aparato de televisión en la plaza. Todos miraban el mismo programa: ¡la serie americana Dallas traducida al turco! Eso me provocó vértigo. Era como una señal de alarma”.
En esa misma época, las señales de alarma del Kurdistán eran ya un grito desesperado en la selva centroamericana. Grinevald llegó en 1984 a Nicaragua, donde la revolución más linda del mundo cruzó su destino con el del pueblo rama, una comunidad que no llega al millar de personas. “Llegaron llorando al Gobierno sandinista porque habían perdido su lengua. La despreciaban tanto que la habían perdido”, cuenta telefónicamente desde Lyon, en cuya Universidad da clases y forma parte del laboratorio Dinámica del Lenguaje. Como este pueblo indígena de la costa atlántica nicaragüense no hablaba castellano sino inglés criollo, los sandinistas pidieron ayuda a Grinevald, entonces profesora en la Universidad de Oregon (EE UU).
Un cuarto de siglo después, la hazaña profesional de Grinevald continúa. Su desprecio hacia “el hablante que asume un estatus por ser el último”, le ha llevado a despreocuparse por saber si cuando llegó al territorio de los ramas había más o menos de cinco personas capaces de hablar en esa lengua de la familia chibcha. Lo importante es que dio con una: “Los hablantes se escondían, pero busqué y al final encontré una viejecita que la conocía muy bien y estaba dispuesta a enseñarla”. De las conversaciones con Miss Nora (fallecida en 2001) hasta hoy, la situación ha cambiado mucho: “Todos quieren aprenderla. Quieren hablar por la calle y que otros los reconozcan como ramas. No es para expresarse sino por identidad, en eso hemos ganado la batalla”.
Los jóvenes ramas, como sus padres, no hablan la lengua, pero chapurrean algunas expresiones. “Los europeos creen que rescatar es que vuelva a hablarse como lengua materna, pero hay pocos ejemplos de eso. Los más conocidos son el hebreo y el irlandés. Ambos son proyectos estatales con una inversión enorme”, dice Grinevald. Más modesto es el proyecto Turkulka.net, un diccionario online de unas 3.500 palabras. “¡Hasta los japoneses pueden saber que existimos!”, exclamaron los ramas al verlo por primera vez.
Divulgación en la Red
Todo ese trabajo no pasó desapercibido para Sorosoro, que cuenta con Grinevald en su consejo científico y que también ha encontrado en la Red una aliada. “Lo que defendemos, en el fondo, es la idea misma de diversidad, que es necesaria para el ser humano”, señala Milin. Su punta de lanza es el portal Sorosoro.org (disponible en español) y que incorpora un canal en Youtube para ver los trabajos de sus equipos de campo. Vídeos como los que acompañan este artículo; en los que Jean Emile y Henriette nos enseñan a contar en punu o a decir los días de la semana en mpongwe, una de las más de 40 lenguas que conviven en Gabón y a la que las previsiones más optimistas atribuyen unos 4.000 hablantes. Sus oyentes potenciales se cuentan ahora, sin embargo, por millones.
La idea, como la de los numerosos recursos online de otras organizaciones similares, es convertir al potencial enemigo en aliado: la Unesco ha alertado en varias ocasiones del peligro para la uniformización cultural que supone Internet, donde el 90% de contenidos se escriben en apenas una docena de lenguas. Y es que la Red refleja lo que es la Humanidad. “Yo creo que alrededor de un 50% de las lenguas actuales no llegarán al siglo XXII”, señala Carme Junyent desde la Universidad de Barcelona. Esta profesora de lingüística es una de las pioneras del estudio de lenguas amenazadas en España. En 1992, creó junto con unos alumnos el Grupo de Estudio de Lenguas Amenazadas.
Junyent, a la que cuesta localizar al teléfono en su despacho, describe una actividad frenética que les ha llevado a inventariar unas 300 lenguas con presencia en Cataluña, del catalán a hasta cinco variedades de chino aportadas por la inmigración. Un trabajo desbordante en un grupo de apenas siete personas que nació para promover el estudio de lenguas olvidadas en la facultad. “Fracasamos rotundamente en este sentido”, reconoce sin sonar demasiado nostálgica, “en cambio hemos descubierto que en Cataluña se hablan muchas lenguas y se llevan a cabo iniciativas que las dignifican”.
Intrínsecamente multilingües
Las palabras vergüenza y dignidad suenan continuamente en boca de las personas que saben cómo mueren las lenguas. Cómo sus hablantes las matan por vergüenza a usarlas en público. Cómo la presión de otra lengua dominante les hace creer que la suya es menos digna. Sobre esas situaciones recibió una inesperada lección Grinevald cuando estaba casada con un “americano monolingüe” y vivía en EE UU. Un día, su hijo mayor le dio patadas al salir del cole por hablarle en francés ante sus compañeros. La solución fue ampliar su horizonte: “Cuando cumplieron cuatro y seis años me llevé a mis hijos a Francia y vieron que allí todos hablaban francés. Vieron que yo no era una loca, sino francesa”.
“Hay una pequeña falacia: todo el mundo piensa que es mejor hablar una lengua para comunicarse, pero hay casos que contradicen esto” señala Iraide Ibarretxe, profesora de la Universidad de Zaragoza, en la que organizó este mismo año un Curso de lenguas en peligro de desaparición y procesos de revitalización. Las contradicciones son fundamentalmente dos: la tendencia de las lenguas a diversificarse cuando crece la comunidad de hablantes “La lengua es un ser vivo y va a ir cambiando. Ahora se habla de varios ingleses, no ya solo de británico o americano”- y las capacidades cognitivas del ser humano, que es “intrínsecamente multilingüe” como muestran los habitantes de países como India o Papúa-Nueva Guinea, donde todo el mundo maneja varias lenguas.
Ibarretxe, que es bilingüe en castellano y euskera, cuenta que el curso partió de la idea del otro profesor coordinador, Alberto Hijazo, al entrar en contacto con las lenguas indígenas de California, pero su contenido se adaptó a la situación española. “En Zaragoza estaba el maremágnum de la ley autonómica de lenguas, había mucha desinformación y se pensó que podía ser interesante”. El aragonés, con unos 10.000 hablantes, es una de las cuatro lenguas de España que aparecen en el Atlas de la Unesco de lenguas en peligro, junto con asturiano, aranés y euskera. Tanto Junyent como Ibarretxe alertan de que estas iniciativas enmascaran una diversidad lingüística mayor. Para Grinevald, que se considera “medio baturra” porque aprendió español en Zaragoza y visita asiduamente Cataluña desde hace cuatro décadas, el problema de la defensa de lenguas minoritarias en Europa va más allá: “Es interesante que no se traduce en una solidaridad con las lenguas americanas, es una batalla entre élites europeas”».
Junio 20th, 2010 at 19:15
He de decir que me parece uno de los reportajes más acertados que he leido sobre el tema. Y es un tema que he trabajado bastante.
Me alegro que lo hayáis difundido. Muchos, como yo, seguramente no lo habrán visto en la prensa. Y mis felicitaciones a su autor por su trabajo.
Junio 26th, 2010 at 13:23
Realmente no se aprecia interés por el tema. ¿A quién le importa que vayan desapareciendo más y más lenguas mientras la suya no corre peligro? Y quienes tiene la suya en peligro no leen estas cosas en Internet, ni en ningún sitio, para dar su opinión… Dignidad la de quienes, como se muestra en el reportaje, hacen algo por evitar este holocausto de las lenguas. Vergüenza la de quienes mantienen su silencio y miran para otro lado.
Julio 3rd, 2010 at 19:27
Según las previsiones de los científicos, 3000 lenguas pueden desaparecer en este siglo porque “sus hablantes las matan por vergüenza a usarlas en público” o porque “la presión de otra lengua dominante les hace creer que la suya es menos digna”. Los términos “vergüenza” y “dignidad” convergen en una situación alarmante que pueden desembocar en un desastre lingüístico.
Las 6000 lenguas que contabiliza hoy el planeta encierran en sí conocimientos importantes. Ellas son nuestra herencia común que atravesaron los siglos y los milenios y que fueron transmitidas de generación en generación. Si esos idiomas desaparecen, mueren con ellos fragmentos enteros de las culturas de la humanidad.
Ante esta situación dramática en todo el mundo, investigadores, lingüistas y antropólogos están en una carrera contra el tiempo para salvar la diversidad lingüística del planeta a través de programas como el de Sorosoro a través de medios audiovisuales, el diccionario online del proyecto Turkulka.net, recursos on line, estudios, … todos con la finalidad de preservar la lengua y la cultura de los pueblos, pero sobre todo recobrar el orgullo perdido y evitar una autodestrucción.
La lingüista Colette Grinevald cuestiona el concepto de el último hablante de una lengua porque, según ella “nunca se sabe cuál es la última persona que habla una lengua porque los últimos hablantes se esconden al ser una lengua despreciada”.
Para garantizar la preservación de las lenguas y concienciar sobre la importancia del multilingüismo, la UNESCO recomienda a los países que incentiven el aprendizaje de dos o tres idiomas desde la educación primaria. En el extracto de “Les Langues en danger” in Mémoires de la Société de Linguistique de Paris, Claire Moyse-Faurie, 2000, p.101-102, : Se sabe (…) ahora los beneficios de una educación en lengua vernácula, como los resume Jeff Siegel (1996) a partir de datos recogidos sobre diferentes políticas lingüísticas en curso en el Pacifico Sur:
- los alumnos aprenden mejor en su lengua materna: no se puede aprender a leer y a escribir una lengua antes de conocerla; también hay que dedicar tiempo al aprendizaje de la lengua antes de alfabetizar;
- aún cuando el objetivo final del sistema educativo es aprender una segunda lengua, el tiempo que uno pasa a aprender una lengua vernácula no es tiempo perdido; el dominio del letrismo puede ser fácilmente transferido de una lengua a otra, y el aprendizaje de una segunda lengua es facilitado cuando el dominio de la escritura y de la lectura esta adquirido en la primera lengua;
- el beneficio vinculado al uso de la lengua vernácula en la escuela es doble: la adaptación del niño a la escuela es más fácil si el profesor habla la misma lengua que él; el desarrollo cognitivo del niño es más fácil si es capaz de utilizar su propia lengua para reflexionar y expresarse;
- el beneficio es social : el hecho de hablar en la escuela la misma lengua que los padres permite a estos seguir el aprendizaje de sus hijos y ayudarles, conversar de ello e implicarse en la vida escolar;
- el beneficio es cultural: la educación en lengua vernácula garantiza que los niños no serán marginalizados en su modo de vida ni alejados de su cultura, bajo la influencia ligada al aprendizaje de otra lengua ; el uso de la lengua vernácula en el sistema educativo otorga a esta última un valor simbólico, un prestigio, un papel en el desarrollo del país ; la educación en lengua vernácula permite asegurar el mantenimiento de una lengua y de una cultura;
- el beneficio es financiero: constatamos que hay menos repeticiones y abandonos en los sistemas educativos bilingües.
(…)
Por tanto, es nuestro deber no dejar desaparecer nuestro patrimonio y salvaguardarlo de manera perenne.“La diversidad cultural es una gran riqueza para las personas y las sociedades. La protección, la promoción y el mantenimiento de la diversidad cultural son una condición esencial para un desarrollo sostenible en beneficio de las generaciones actuales y futuras” (Convención de la UNESCO, Principio de desarrollo sostenible, art.2). Cuando el último hablante muera, perderemos su lengua y los conocimientos que transmitía. Pero “no sólo se pierden las palabras con una lengua, sino también una mirada sobre el mundo” (David Harrison, lingüista estadounidense).