La palabra o la vida


La biografía de Semprún, paralela a la historia europea del s. XX, escribe estos días una de sus últimas páginas con su visita a Buchenwald. Bajo quien sabe qué heterónimo, Semprún sobrevivió en este campo de exterminio al que había sido confinado como miembro de la resistencia antinazi en el París de la Segunda Guerra Mundial. Allí llegó después de emprender el largo camino del exilio republicano, el éxodo de las columnas humanas que pasaban las fronteras, en una Europa en que los límites patrios separaban la vida de la muerte. Sobrecogedor el testimonio de Ian Gibson de esa riada de hombres y mujeres abandonados ya a su suerte, como la moribunda madre de Antonio Machado llevada en brazos por Corpus Bargas. Con poca vida el hijo, abandonado como días antes lo había hecho con su última valija -demasiada pesada ya- en alguna casona payesa con poemas perdidos para siempre.
Semprún retoma en su último discurso en Buchenwald una idea ya expresada en su relato autobiográfico La palabra o la vida: que la escritura es la compañera de la memoria y en ella habita la esencia de lo vivido. La escritura no sólo como testimonio sino como recreación, como una recreación del pasado que es. Como nos recordaba otro filósofo alemán “se habla del pasado que fue, pero el pasado es”. Para Semprún, Buchenwald es el territorio donde se construyó Europa. En sus palabras: “Es un lugar ideal, único, para reflexionar sobre Europa, para meditar sobre su origen y sus valores. Para recordar a los jóvenes visitantes -miles cada año-, a los estudiantes del mundo entero que hacen allí cursillos de historia, que las raíces de Europa pueden encontrarse en ese lugar, en las huellas materiales del nazismo y el estalinismo, contra las cuales, precisamente, se inició la aventura de la construcción europea”.
Semprún, el escritor bilingüe, el que ante los avatares de la historia podría haberse sentido sin identidad ni norte, de no haber entendido que estaba en la gran casa europea allá donde se encontrase: en la resistencia parisina, en el madrid tardofranquista o junto a las alambradas de las frías llanuras alemanas de Buchenwald. Estos días, las crónicas periodísticas lo anuncian ya llamado por la Parca, aquella a la que burló hace más de sesenta años y a la que ahora espera en sus propias palabras “ni resignado a morir ni angustiado por la muerte, sino furioso, extraordinariamente irritado por la idea de que pronto ya no estaré aquí, en medio de la belleza del mundo o, por el contrario, en su grisácea insipidez”.
La última visita a Buchenwald recuerda a nuestro Observatorio que el nacimiento de la conciencia europea pervive en seres que, como Semprún, por mortales la vida abandonan. Sin testigos de la construcción europea, ¿qué espacio de encuentro será el continente? Semprún, nos responde recordándonos las palabras pronunciadas en Viena por Edmund Husserl en 1935 que “el mayor peligro para Europa es el cansancio”.
Abril 17th, 2010 at 13:04
Nuestro paisano Semprún, ese español trilingüe que se dice sentir apátrida y que nos ha recordado siempre que la vigilancia histórica aún está en vigor, también advierte en sus memorias que el peligro que se cierne sobre Europa hoy no es tanto el totalitarismo como la aceptación de su diversidad.
Abril 17th, 2010 at 17:54
Hace muy poco que acabé de leer “La Europa de ayer y de hoy. Una tumba en las nubes”, el ensayo que Jorge Semprún presentó en París el pasado 28 de marzo durante el Salón del Libro de la capital francesa. Las recomendaciones que hace para la nueva juventud europea debería ser materia de lectura obligatoria en bachillerato o universidad. Yo os lo recomiendo a todos. Muy buena vuestra entrada, como siempre
Abril 17th, 2010 at 17:57
Qué valientes estos héroes. A los que echaron de su tierra por no estar de acuerdo con el que mandaba. Que valientes por enfrentarse a lo desconocido. Que valientes por no olvidarse de lo que era suyo.
Y que héroes porque, aún a pesar de todo, siguieron defendiendo su lengua y hablando otras como si fueran suyas en unos tiempos asquerosamente duros.
Hacían falta héroes así ahora, que no se avergüencen de su lengua, por mucho gobernante que intente imponer otra extranjera.
Abril 17th, 2010 at 21:36
Semprún, magistral, también nos recuerda en ese libro que cita Pedro que la historia de Buchenwald, a apenas ocho kilómetros de Weimar, la ciudad de Goethe, no acabó después de la derrota nazi. Al poco tiempo, los soviéticos reabrieron sus puertas para internar a antiguos nazis y a los que se oponían de alguna manera a su régimen. En total, 28.455 personas, según las cifras oficiales soviéticas, fueron detenidas en lo que se convirtió el Campo Especial nº 2, abierto hasta enero de 1950. Las condiciones de vida, entre el hambre y el frío, eran tan duras que 7.113 personas murieron y fueron enterradas en el lugar. ¡Menudas raíces tenemos!
Abril 18th, 2010 at 11:39
“Y subiréis como humo en el aire/y tendréis una tumba en las nubes/no se yace estrechamente allí […] la muerte es un maestro venido de Alemania”, escribía el poeta rumano Paul Celan, citado por Semprún.
Sobre la primera vez que regresó a Buchenwald, en 1992, el escritor declaraba, al recibir el ‘premio de la paz’ otorgado por los libreros alemanes en 1995: “Allí me pregunté si este verso era una verdad absoluta. Estaba claro que no”. ¿Por qué? “Los judíos franceses perseguidos por el gobierno de Vichy conocieron la muerte como ‘maestro venido de Francia’. Y Et Varlam Chalamov […] nos habló de la muerte como ‘maestro venido de la Rusia Soviética’. La muerte es un maestro venido de la humanidad”.
Estas palabras, pronunciadas muchas veces por Semprún ante el público alemán durante sus conferencias, invitan a la reconciliación entre la Europa de ayer y de hoy. Una reconciliación basada en la apuesta por la lucidez: ese es para mí el espacio de encuentro de los europeos al que hacéis referencia en esta entrada.
Abril 22nd, 2010 at 13:20
El espacio europeo está en crisis, algo que debemos reconocer. Pero no debemos dejarnos llevar por el pesimismo. Hemos salido en nuestra historia de la construcción europea de momentos peores y saldremos también de éste. Tal vez tengamos que asumir que nuestra historia será un continuo avance de construcción y deconstrucción para volver al ciclo y así…
Abril 23rd, 2010 at 13:55
El mayor peligro no es el cansacio. En efecto, nos hemos dejado la piel en la construcción europea pero no es para cansarse tan pronto. Para mí, el peligro real está en los que priman cualquier identidad localista por encima de una idea de Europa como unión de identidades múltiples. Ejemplo de los británicos estos dias ante sus procesos electorales y de otros muchos.