¡Ya ni en Sevilla se puede copiar!

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El Rector de la Universidad de Sevilla acordaba el pasado lunes anular el famoso Artículo 20 de la Normativa de Evaluación de Exámenes con el fin de evitar “interpretaciones erróneas”. Como todos sabéis, desde septiembre la nueva normativa de esta Universidad obligaba a los docentes a no poder expulsar de clase, ni suspender sin más, a un alumno después de haber sido pillado in fraganti copiando, por ejemplo, de una chuleta o instrumento similar. El artículo de la polémica permitía al supuesto alumno “infractor” terminar el examen y prohibía al profesor destruir la prueba del delito, pudiendo únicamente requisarla de forma temporal… Podéis comprobar aquí, motu proprio, la repercusión que este asunto ha tenido en los medios, que no ha sido poca.

Desde luego la noticia es anecdótica, pero la consideramos apropiada para las fechas en las que estamos. Vivimos en una sociedad que evoluciona tan rápidamente que a veces se hacen cosas carentes de sentido y que no se han reflexionado lo suficiente.

No está de más relativizar un poco ese manido concepto de examen y las implicaciones negativas que derivan de una experiencia marcada por formas o sistemas de evaluación que, desde planteamientos tradicionales o arquetípicos se han venido aplicando en nuestro ámbito educativo. El temido examen como medio de evaluación genera una tensión y desconfianza tal en la juventud que, a veces, les arrastra hacia este tipo de medidas desesperadas.

Son muchas las preguntas que todavía se pueden plantear hoy sobre esta parte fundamental del proceso de enseñanza-aprendizaje.

  • ¿Qué técnicas se usan para evaluar? ¿Son fiables?
  • ¿Cómo evaluamos? ¿Cuándo hacerlo?
  • ¿Qué es lo que realmente evaluamos, el proceso de aprendizaje o el producto de este?
  • ¿En función de qué criterios se califica y cuáles son los verdaderos objetivos y finalidades?

Es evidente, que el auténtico centro del debate acerca de la evaluación está en cuestiones como estas y en las expectativas que se esconden bajo los entresijos de una sociedad donde los factores políticos, sociales, económicos, culturales… establecen una serie de criterios e intereses que rigen el devenir del mundo actual en sus múltiples aspectos. Desde la educación formal de escuelas y universidades se satisface esta demanda social de certificados que acrediten unas competencias o niveles de conocimiento que a menudo se corresponden poco con la realidad, pero que catalogan a los individuos y condicionan su acceso laboral o sus posibilidades de éxito social.

Quizá, estas consideraciones dejen un tanto “en calzoncillos” la polémica generada en los medios de comunicación pero, como es sabido a estos les gusta mucho quedarse con la anécdota en lugar de entrar en la reflexión.

Pero consideramos que en vuestros comentarios habrá cabida para todo, tanto lo relevante como para lo más anecdótico. Por ello los esperamos con el interés de siempre.

12 Responses to “¡Ya ni en Sevilla se puede copiar!”

  1. Pedro Ribero Says:

    Cuando la evaluación es meramente ’sancionadora’; es decir, sanciona mediante prueba única de un examen final o de medias de parciales el conocimiento del alumno, éste tiene derecho a expresar su disconformidad mediante la falta de honradez en el desarrollo de la prueba: léase, copiar, chuletear, hablar, soplar, etc.
    Yo lo hice cuando era universitario y a mucha honra.

  2. Magda Says:

    lo que pasa en nuestra vida de estudiante es que de vez en cuando hay que esturiar las asignaturas aburridas y los que no servian para nada… por eso la gente sepla…
    Yo estudio para mi, no para ninguna evaluación o los creditos ECTS… bueno necesito eso, pero lo mas importante es que tengo en mi cabeza!!! y como lo uso!

  3. Silvia Says:

    Estoy de acuerdo con Pedro y me parece que utiliza un adjetivo perfecto para calificar la evaluación que se basa exclusivamente en un examen final, “sancionadora”. Es lamentable que el esfuerzo de todo un curso quede relegado a una prueba que muchas veces no refleja para nada lo que el alumno realmente sabe, además, no son sólo conocimientos lo que se supone que se debe evaluar, sino también valores y actitudes.

    Por otra parte también entiendo a los que opinan que no es justo que algunos alumnos aprueben el examen gracias a las chuletas cuando otros tienen que pasar muchas horas de trabajo para un mismo resultado.
    Cuando vi esta noticia en el telediario entendí la indignación de muchos alumnos universitarios que no estaban de acuerdo con esa nueva normativa. Como dicen mis compañeros la noticia es anecdótica pero invita a la reflexión sobre un tema tan importante como es la evaluación.

    Repecto a lo que dice Marga, lo ideal sería que todos los alumnos estudiasen para ellos mismos sin obsesionarse sólo por pasar el examen, supongo que para un profesor esto sería la panacea pero al mismo tiempo muchos de ellos utilizan la evaluación como método para “imponerse” a sus alumnos…

    Os dejo aquí un enlace a un artículo que habla sobre este tema y que os puede parecer interesante…´”dime cómo evalúas y te diré que tipo de profesional y de persona eres” de Miguel Ángel Santos Guerra.
    http://www.csociales.uchile.cl/publicaciones/enfoques/07/Santos_DimeComoEvaluas.pdf

    La verdad es que la importancia de la evaluación es incuestionable.

  4. Luis Pena Says:

    Si en la Universidad hubiese este sentido de los criterios de evaluación, no haría falta copiar:

    • Coherente e integrada: la evaluación ha de estar vinculada con las actividades de aprendizaje, formando un continuo de enseñanza-aprendizaje-evaluación.
    • Compartida: tanto el profesorado ha de compartir los mecanismos de evaluación como el alumnado ha de ser progresivamente partícipe de su propia evaluación.
    • Contextualizada: las actividades de evaluación han de ser tan significativas como las actividades de aprendizaje y, además, contemplar la singularidad de la clase y cada uno de sus integrantes.
    • Continua: sin confundir continua con constante, la evaluación debe implicar la recogida sistemática de datos para contar con información de manera permanente.
    • Criterial: la evaluación debe determinar la situación de cada estudiante en relación con unos criterios de referencia, considerando su singularidad y el desarrollo de su proceso de aprendizaje.
    • Dialogada: el diálogo implica que los estudiantes puedan dar su opinión sobre la eficacia y la justicia de la evaluación para que el docente pueda hacer ajustes en su propia práctica.
    • Diversificada: para responder a la diversidad de capacidades y contenidos es necesario disponer de una variedad de mecanismos de evaluación.
    • Formativa: la evaluación debe permitir al estudiante mejorar su aprendizaje en la misma medida que a la vista de los resultados de la evaluación el docente debe realizar en su práctica los ajustes oportunos para contribuir al desarrollo de sus estudiantes.
    • Integral: la evaluación debe abarcar todos los elementos del currículo, sean estos de carácter conceptual, procedimental o actitudinal.
    • Transparente: los estudiantes deben conocer y comprender cómo se desarrollará el proceso de evaluación, incluyendo los instrumentos y criterios de evaluación que se utilizarán.

  5. José Luis Gandoy Says:

    Totalmente de acuerdo con lo que dice Luís Pena. Yo estoy en los nuevos Grados de la universidad y os puedo decir que la evaluación mediante portafolios funciona, porque plantea al docente el reto de la integración de la evaluación con el proceso de enseñanza-aprendizaje. El objetivo es recoger la producción y la reflexión del estudiante durante el desarrollo de las tareas para su posterior revisión. Con esto pretendemos cumplir con los dos requisitos fundamentales de cualquier evaluación: eficacia y justicia. Debemos evaluar lo que enseñamos y lo que se aprende, pero debemos hacerlo valorando el esfuerzo, el progreso, el cambio, los avances y los retrocesos, la complejidad, en fin, de la construcción de las competencias de nuestros estudiantes.

  6. Begoña Chouciño Says:

    La evaluación solamente tiene sentido como un elemento más para el desarrollo y aprendizaje del alumno. Si la evaluación está pensada para el profesor, como medida para poder calificar a los alumnos, es normal que los alumnos estudien también para el profesor, y para sacar la mejor nota posible, utilizando todos los recursos que se puedan imaginar.

    Por otro lado considero que el profesor cada vez está más desvalido ejerciendo su profesión; a un profesor debería escuchársele como a alquien que sabe de su trabajo, pero desafortunadamente todo el mundo parece saber de educación.

    Si la evaluación no es un elemento más para el aprendizaje y desarrollo integral de los alumnos, entonces podría estar encubriendo una función que no es educativa, como la de separar a “los que valen de los que no”; ésta sería una función segregadora como preparación para un mercado laboral competitivo, y estaría muy alejada de los valores que deberían impregnar a todo el sistema educativo.

  7. Elvira Says:

    Estoy de acuerdo en que muchas veces las “notas” escolares no reflejan realmente lo que el alumno sabe… y en muchos casos, cuando la evaluación sólo tiene en cuenta un examen final es, como bien ha señalado Pedro, “sancionadora”. Creo que la valoración de nuestra progresión a lo largo del curso donde se tenga en cuenta nuestro grado de implicación en la realización de diferentes tareas… es realmente mucho más efectiva y realista.
    Con respeto al hecho de poder “copiar” en los exámenes,… sólo diré que si los alumnos pueden hacerlo es que realmente lo que el profesor te pide es poner exactamente lo que te dijo en clase;… cuando el examen implica una cierta reflexión y tiene una mayor complejidad… a veces ni las “chuletas” son efectivas…

  8. Montse Says:

    Como bien dice Elvira la evaluación final en la mayoría de las veces no refleja lo que saben los alumn@s y es cierto que muchas veces la evaluación se convierte en algo punitivo, cuando realmente evaluar debería ser ayudar a superar las dificultades, cuando un alumn@ se implica en clase, trabaja duramente durante el curso.
    ¿Es justo que se le evalúe sólo por un examen final? ¿O se le debería tener en cuenta todo el trabajo a lo largo del curso? Influyen muchas variables para que un examen no salga todo lo bien que debería salir, nervios, pasar una mala noche, estar enfermo, quedarse en blanco…, son decisivos para que en un examen no se refleje todo lo que se sabe, por eso no estoy de acuerdo en que un examen final refleje todo lo hecho en un curso.
    !Algunas veces ni copiando se consigue aprobar un examen!

  9. Maruca Says:

    De acuerdo en todo lo que decís. Os dejo este vídeo sobre el tema y no os perdáis los comentarios que le siguen
    http://www.youtube.com/watch?v=ZyrwmJ8ykjo

  10. Jose Antonio Trigo Says:

    Desde luego, Maruca , el amarillismo de los medios de comunicación es cada vez más ridículo y panfletario… por parte de la cadena de Aguirre no es de esperar, pero que un profesor de Economía “aplicada”, le siga el chiste a la periodista alcachofera ya va teniendo delito.
    Esto de la evaluación, bromas aparte, es muy serio, y en este país se han perdido jóvenes muy capacitados por culpa de un concepto erróneo de la misma. Muchos han sido los que, hastiados de este rancio sistema educativo, han preferido buscarse las habichuelas currando o buscando el acceso a la cultura desde otros ámbitos.
    Espero que lo que nos comenta José Luis acerca de la incorporación de los portafolios propicie las mejoras que de este instrumento se esperan, pero no olvidemos que el docente sigue siendo el que ha de asumir, desde la reflexión, la responsabilidad de aplicar estos métodos de forma efectiva, como habéis reflejado en todos vuestros comentarios.
    Gracias a todos por escribir!, especialmente a mis compañer@s de fatigas, que lo hacen en un difícil momento para todo estudiante. (Creíamos que no iba a postear ni el gato).

  11. Jose Antonio Trigo Says:

    Perdón por la errata, …por parte de Telemadrid ES de esperar… .
    Y con esta tontería ya va otro comentario.

  12. María Isabel Says:

    No creo en las notas, sólo en mi trabajo y esfuerzo.

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