¡Ya ni en Sevilla se puede copiar!
Sábado, Enero 30th, 2010

El Rector de la Universidad de Sevilla acordaba el pasado lunes anular el famoso Artículo 20 de la Normativa de Evaluación de Exámenes con el fin de evitar “interpretaciones erróneas”. Como todos sabéis, desde septiembre la nueva normativa de esta Universidad obligaba a los docentes a no poder expulsar de clase, ni suspender sin más, a un alumno después de haber sido pillado in fraganti copiando, por ejemplo, de una chuleta o instrumento similar. El artículo de la polémica permitía al supuesto alumno “infractor” terminar el examen y prohibía al profesor destruir la prueba del delito, pudiendo únicamente requisarla de forma temporal… Podéis comprobar aquí, motu proprio, la repercusión que este asunto ha tenido en los medios, que no ha sido poca.
Desde luego la noticia es anecdótica, pero la consideramos apropiada para las fechas en las que estamos. Vivimos en una sociedad que evoluciona tan rápidamente que a veces se hacen cosas carentes de sentido y que no se han reflexionado lo suficiente.
No está de más relativizar un poco ese manido concepto de examen y las implicaciones negativas que derivan de una experiencia marcada por formas o sistemas de evaluación que, desde planteamientos tradicionales o arquetípicos se han venido aplicando en nuestro ámbito educativo. El temido examen como medio de evaluación genera una tensión y desconfianza tal en la juventud que, a veces, les arrastra hacia este tipo de medidas desesperadas.
Son muchas las preguntas que todavía se pueden plantear hoy sobre esta parte fundamental del proceso de enseñanza-aprendizaje.
- ¿Qué técnicas se usan para evaluar? ¿Son fiables?
- ¿Cómo evaluamos? ¿Cuándo hacerlo?
- ¿Qué es lo que realmente evaluamos, el proceso de aprendizaje o el producto de este?
- ¿En función de qué criterios se califica y cuáles son los verdaderos objetivos y finalidades?
Es evidente, que el auténtico centro del debate acerca de la evaluación está en cuestiones como estas y en las expectativas que se esconden bajo los entresijos de una sociedad donde los factores políticos, sociales, económicos, culturales… establecen una serie de criterios e intereses que rigen el devenir del mundo actual en sus múltiples aspectos. Desde la educación formal de escuelas y universidades se satisface esta demanda social de certificados que acrediten unas competencias o niveles de conocimiento que a menudo se corresponden poco con la realidad, pero que catalogan a los individuos y condicionan su acceso laboral o sus posibilidades de éxito social.
Quizá, estas consideraciones dejen un tanto “en calzoncillos” la polémica generada en los medios de comunicación pero, como es sabido a estos les gusta mucho quedarse con la anécdota en lugar de entrar en la reflexión.
Pero consideramos que en vuestros comentarios habrá cabida para todo, tanto lo relevante como para lo más anecdótico. Por ello los esperamos con el interés de siempre.




