Con el inglés no se juega
Lunes, Julio 27th, 2009

Ya hemos hablado aquí, hace un tiempo, de la imposición de impartir ‘Educación para la Ciudadanía’ en inglés en la Comunidad de Valencia por decisión propia de su presidente. Y dimos cuenta del despropósito de la medida y las posibles causas que la originaron: ninguna de tipo académico entre ellas. También os hablamos de las reacciones del profesorado, los responsables de los centros y la propia comunidad de padres, todos ellos unidos ante una fuerte sensación de impotencia, desamparo y desasosiego sin acabar de comprender cómo algo así puede ocurrir en el sistema educativo de un país.
Una materia obligatoria del currículo, cuestionada y denostada por el PP desde el mismo momento de su implantación por LOE, siguiendo las directrices de los diseños curriculares de la mayoría de los países europeos, llegó al esperpento de impartirse -por imposición autonómica- mediante el recurso a un traductor del profesor en el aula. Y los resultados del aprendizaje pusieron en evidencia la inutilidad de la medida y la pérdida de tiempo en el proceso educativo. Solo la presión en las calles y centros (manifestaciones masivas, una huelga general que vació las aulas el pasado 28 de abril, etc.) consiguió temporalmente una suspensión cautelar de la medida. Tan cautela fue que el Consell volvió a insistir en estos últimos días en su voluntad de aplicar de nuevo su absurda ocurrencia en el curso próximo.
Pero el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana (TSJCV) ha anulado la obligación de impartir Educación para la Ciudadanía en inglés, así como la posibilidad de aprobarla con un trabajo trimestral y de no cursarla acogiéndose a la objeción de conciencia. El alto tribunal considera el decreto “nulo de pleno derecho” porque contradice la propia legislación autonómica sobre los programas de educación plurilingües, establecidos como “voluntarios”. El varapalo legal a Camps y su gabinete de Educación ha sido celebrado con júbilo por la comunidad educativa. Pero es dudoso que el presidente y los suyos aprendan las lecciones del triste episodio de la ‘Ciudadanía en inglés por imperativo legal’. ¿Podrán entender que las reglas de juego democrático y del Estado de derecho acaban atajando, tarde o temprano, los abusos sectarios y partidistas? Algo preocupante ocurre cuando una parte importante de una fuerza política se muestra convencida de que puede ejercer el poder sin atender, ya no a la prudencia, sino al sentido común más evidente. Desde aquí les recordamos que con el inglés no se juega.




