Juan Santos Atahuallpa: ¡para nuestra vergüenza!
Domingo, Marzo 29th, 2009
Entre 1742 y 1756 se llevó a cabo la famosa epopeya libertaria que encabezó Juan Santos Atahuallpa y que constituye uno de los acontecimientos históricos más relevantes y sugerentes de la historia virreinal. De esta rebelión damos cuenta en este post.
Amich se refiere a Juan Santos de la siguiente manera:
«Sucedió pues por permisión divina que un indio del Cuzco que sirviendo a un padre jesuita había ido a España con su amo y volvió al Perú más ladino de lo que conviniera. En la provincia de Guamanga cometió un homicidio y viéndose perseguido de la justicia se metió en la montaña de los Andes. Andando errante por aquellos montes el mes de mayo del año de 1742 encontró a don Mateo Santabangori, curaca de Quisopango. Este lo condujo a su pueblo y en él se aclamó por verdadero inca descendiente de Atahualpa degollado en Cajamarca por mandato de don Francisco Pizarro. Llamábase este indio Juan Santos Atahualpa Apo Inca. Su estatura era más que mediana, su color pálido amestizado, fornido de miembros, el pelo cortado al modo de los indios de Quito, la barba con algún bozo y su vestido una cushma» (Amich 1973: 180).
Como se puede suponer, los franciscanos presentan una imagen negativa del líder de la revolución. Es muy reveladora la frase “más ladino de lo que conviniera.” El termino “ladino” se refería a la población mestiza o “hispanizada” y viene a cuento preguntarse cuánto a juicio de los evangelizadores era conveniente que los indígenas se ladinizaran. Es interesante también que se presente a Juan Santos como un asesino fugitivo y que se señale que su presencia en la Selva Central se deba a que estaba huyendo de la justicia. Con esta presentación, las intenciones libertarias de Juan Santos son completamente anuladas y pasa a ser visto como un delincuente.
El dato de que Juan Santos Atahualpa sea un asesino, como lo anota Francisco Loayza, se basa en la declaración de seis testigos parciales (cinco españoles y un indígena), tomada luego de tres años de iniciada la rebelión. Nadie antes había hablado del supuesto crimen de Juan Santos Atahualpa:
«La información acerca del delito de Juan Santos suena en estos términos: el testigo José Bermúdez declara que cierto indio llamado Juan Cosco le había dicho que Juan Santos era fugitivo del Cuzco donde había matado a un sacerdote de la compañía». (Varese 1973: 178)
Como vemos, no estamos ante un dato fiable del supuesto delito de Juan Santos Atahualpa, no hay ninguna denuncia de los jesuitas sobre el asesinato, así es más una estrategia de los franciscanos para convertir a un caudillo que se rebela contra los maltratos de los que son víctimas los indígenas en un delincuente.
La rebelión de Juan Santos sin duda cambió el curso de la historia en la Selva Central. Santos y Barclay afirman que “todo apuntaba a que la Selva Central formaría parte de una única región andino selvática dominada por los hacendados, obrajes, mineros y comerciantes de Tarma, Huánuco y Jauja, cuya economía giraría en torno a los mercados mineros de Yauli y Cerro de Pasco. La rebelión de Juan Santos Atahualpa impidió que este proyecto regional se cristalizase, constituyendo un duro golpe para los grupos de poder económico de la sierra.”
En el lado de Juan Santos Atahualpa, como señalábamos, no solo encontramos a indígenas sino también a mestizos, negros y españoles pobres. Así esta es una lucha “etnoclasista” que no busca regresar al pasado (puesto que si no, no se explicaría la presencia de mestizos, negros ni españoles pobres en un lado y de misioneros, hacendados y otros miembros con poder económico en otro el lado) sino cambiar el injusto orden establecido.
Juan Santos Atahuallpa se proclamaba cristiano y su política de devolver la tierra a sus dueños y de expulsar a los invasores supuso un retroceso radical de parte del control español. Una vez instaurada su rebelión la historia de los indígenas de la Selva Central no volvería a ser la misma y solo en virtud de su presencia la rebelión de Runcato, que terminaría de expulsar a los franciscanos, se pudo plasmar. En palabras de Varese, el gran logro de Juan Santos Atahualpa fue justamente el haber creado las condiciones para que los pueblos de la Selva Central obtuvieran su independencia y despertaran sus deseos de libertad:
La verdadera victoria de la sublevación de Santos consiste en el haber provocado la marginación, por parte del Perú virreinal, de toda la amplia zona de la Selva Central. Por casi un siglo la reconquista de los campa [asháninkas], piro [yines], amuesha [yaneshas], mochobo y parte de los cunibo [konibos] será una empresa prácticamente imposible (Varese 1973: 190)
Toda la Selva Central está definitivamente perdida para la colonización; la rebelión de Santos ha dado a los indios montañeses una unidad antes desconocida y ha despertado en ellos un antiguo sabor de libertad e independencia (Varese 1973: 205)
La última referencia que se tiene de Juan Santos (Ortiz, p.125) es su intento de entrar a Andamarca en 1752. Luego de que los misioneros fueron expulsados de la Selva Central, las noticias sobre Juan Santos se hacen cada vez más raras hasta que “desaparece” en el Gran Pajonal, de donde los Asháninkas dicen que regresará un día. A partir de este momento, las noticias acerca del caudillo ingresan a la mitología y Según Rojas (1994), que sigue a Santos Granero (1991), Juan Santos pasa a convertirse para los Asháninka del Pichis del Perené en el mítico “Sacaramentaro”.
Durante más de un siglo los asháninkas evitaron la invasión de su territorio y rechazaron todo contacto con el mundo “mestizo o blanco occidental.” Santos y Barclay afirman que la expulsión de los misioneros de la zona no significó que los indígenas regresen a su modo de vida anterior. Los misioneros les habían introducido nuevos elementos en el campo de la producción y en el ideológico: “Los indígenas habían adquirido una serie de necesidades que solo podían ser satisfechas mediante tecnologías occidentales. Los indígenas habrían de incorporar y recrear las tecnologías adaptándolas a sus necesidades y patrones de organización social”.
Os invitamos a ver este relato sobre Juan Santos Atahuallpa (Yompor Santo) narrado en yanesha (con subtítulos en inglés). El vídeo está basado en las investigaciones de un intelectual yanesha, Espiritu Bautista, y de un antropólogo, Richard Chase, del Instituto del Bien Común, y codirigido por el antropólogo visual Wilton Martínez.




