


No es la primera vez que hablamos de esta tema (ver nuestra entrada de 24 de marzo, 2007). En esta ocasión lo hacemos para trasladar un relato que nos han pasado con la finalidad de dejarlo aquí para vuestros comentarios:
«Estimados amigos del OAL:
Leo con suma atención vuestras interesantes entradas sobre temas de mi interés, en particular lo que afecta a aspectos interculturales, aunque últimamente observo que le dedicáis menos atención. Por eso me atrevo a dejaros esta experiencia personal con la esperanza de que la hagáis pública si así os parece oportuno.
No hace mucho tiempo asistí a un congreso internacional en el que la gran mayoría de los participantes eran profesores de inglés en universidades de países europeos y del variado mundo no occidental. Estos últimos superaban a los primeros. El clima intercultural que vivimos en aquellas jornadas fue altamente enriquecedor para mí y, como pude comprobar, para muchos de mis colegas a quienes nos unía una común preocupación por la enseñanza universitaria del inglés en tiempos de profundo cambio sociocultural que alteran los tradicionales paradigmas metodológicos.
Evidentemente todas las interacciones comunicativas en las sesiones de trabajo y en el lugar donde más se aprende -los pasillos y cafeterías del auditorium- discurrían en inglés, salvo en los contados casos en que uno tenía la ocasión de conocer y charlas con colegas españoles. En uno de ellos tuve la grata oportunidad de conocer a un colega catalán que además participaba en una de las mesas redondas del programa. Conocía sus investigaciones y los temas que trabaja en su universidad y hablé un buen rato con él de estos asuntos profesionales. La conversación transcurrió en todo momento en la ‘lengua común’, al no hablar yo su lengua ni apenas entenderla oralmente. No me pasó desapercibido el marcado acento catalán y la aparente dificultad con la que parecía expresarse en español en ciertos momentos, como si tuviese que recurrir a una mediación dificultosa entre su lengua habitual y la ‘lengua franca’. Pero no le concedí mayor importancia, en la medida que esto no es nada nuevo en mis experiencias con hablantes de otras lenguas de España: marcar, con su acento, su territorio identitario.
Pero la sorpresa que resultó inesperada fue oírle, poco tiempo después, en su intervención en inglés ante el plenario de los congresistas. Su acento catalán se había volatilizado y no quedaba ya el más mínimo rastro de su identidad territorial. No era sólo mi apreciación. Sentadas a mi lado había unas profesoras de universidades asiáticas que, con cierto asombro, me preguntaron si este colega no era español, como ellas creían, ya que a todas luces se expresaba como un nativo británico culto, acento incluido. Ya en los pasillos, volví a tener ocasión de escuchar comentarios en la misma dirección: habla como un nativo, seguro que no es de procedencia catalana. Volví a verle para despedirme y no tuve que preguntarle su origen: de sobra lo sé. Catalán y del interior. Algo que él mismo se encargó de dejar claro con su acento marcado en las últimas palabras del adiós.
He de decir finalmente que, en las bastantes oportunidades que tuve de hablar en inglés a lo largo de las jornadas del congreso con franceses, alemanes, portugueses, italianos, chinos, rumanos, coreanos, tailandeses, japoneses, árabes, y un largo etcétera, no llegué a observar jamás que ninguno de ellos ocultase su auténtica identidad al expresarse en ELF (English as a Lingua Franca). La lengua común de nuestra comunicación internacional -acento social incluido- no llevaba a pensar, en ningún caso, que eran británicos o americanos, o australianos, o…. Nunca entenderé que alguien maquille su acento social en función de los interlocutores y del contexto pragmático. Menos que la intención pueda ser hacerse pasar por inglés, cuando uno no lo es (¡observen señores y señoras que hablo inglés como un nativo!), y dejar claro que es catalán cuando de hablar español se trata (¡ojo señoras y señores que soy catalán¡)».
Esperamos, como siempre, vuestros comentarios al relato que nos ha dejado un colega preocupado por este interesante aspecto de la interculturalidad y las lenguas: el acento social.