Archive for Junio, 2008

¡Linguafolio USA!

Sábado, Junio 28th, 2008

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No es la primera vez que traemos este comentario aquí. Si insistimos en ello es porque seguimos observando (somos un Observatorio, ¿no?) que nadie alude a ello cuando habla de portfolios como herramienta de desarrollo curricular y evaluación o simplemente de desarrollo personal. Mientras que la información sobre el PEL, de patente europea (y no sólo porque su nombre así lo indique), y su propia experimentación en diferentes niveles educativos es ya bastante amplia, sigue desconociéndose la idea de que un buen número de Estados americanos se han sumado a una particular versión de nuestro PEL. ‘Casi’ es la primera vez (y a ver si alguien sabe de algunas otras; aquí lo hemos comentado ya) que una idea que tiene que ver con la enseñanza, aprendizaje y evaluación de lenguas avanza en la dirección de Europa a Estados Unidos y no a la inversa.
Bajo el impulso del National Council of State Supervisors for Languages (NCSSFL), los Estados de Nebraska, Indiana, Kentucky, Virginia, North Carolina, South Carolina, y Georgia han adoptado nuestra idea del PEL y la han adaptado a su realidad pilotando diferentes versiones (incluida una versión junior) de lo que denominan Linguafolio. Entre sus objetivos señalan:

• to encourage the learning of all languages,
• to emphasize the value of knowing many languages -plurilingualism and pluriculturalism,
• to contribute to global understanding,
• to promote autonomous learning and the ability to assess one’s skills,
• to facilitate articulation among language programs based on a clear and commonly accepted description of language proficiency,
• to serve as a tool to assess language learning,
• to recognize and value heritage languages,
• to promote language learning as a life-long endeavour.
¿Qué os parece la idea? Esperamos vuestros comentarios una vez que abráis los enlaces y analicéis sus contenidos con relación a nuestro PEL. Se admiten comparaciones.

¡Enhorabuena, Tzvetan Todorov!

Sábado, Junio 21st, 2008

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El semiólogo e historiador francés de origen búlgaro Tzvetan Todorov ha obtenido el pasado dia 18 el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2008. Según el jurado, Todorov “representa en este momento el espíritu de la unidad de Europa, del Este y del Oeste, y el compromiso con los ideales de libertad, igualdad, integración y justicia“. De sus libros, destacamos uno por lo que tiene de actual para las preocupaciones que nos unen aquí: La conquista de América. El problema del otro. Siguiendo el pensamiento de la alteridad de Lévimas, Todorov se plantea la cuestión de cómo comportarse frente al otro y lo resuelve con la historia de nuestra conquista de América. En sus propias palabras: «Escribo este libro con el fin de que no caiga en el olvido este relato, ni otros miles más del mismo tenor. A la pregunta acerca de cómo comportarse frente al otro no encuentro más manera de responder que contando una historia ejemplar: la del descubrimiento y conquista de América. Al mismo tiempo, esta investigación ética es una reflexión sobre los signos, la interpretación y la comunicación: pues la semiótica no puede pensarse fuera de la relación con el otro.»
El libro aborda la visión que los europeos, particularmente los españoles, tuvieron acerca de aquellos a los que “descubrieron” en las tierras conquistadas. Todas las historias son contadas por los ganadores y la de la conquista de América no es menos. No tenemos ni tendremos jamás la visión de los indígenas sobre ellos mismos, o su concepción sobre sus otros, llámense europeos u otros indios; siempre veremos esta historia a través de los ojos y de las palabras de los occidentales, por lo que la historia que se cuenta es la historia de la sociedad europea en América: América como extensión de Europa, quedando muchas veces sus nativos en calidad de seres inferiores (animales), o inclusive en simples objetos. En el principio los europeos serán los españoles y portugueses; luego se les incorporarán los holandeses, ingleses, franceses. Sin embargo, si ha de existir en la actualidad un sentido de culpa (la leyenda negra), éste siempre recaerá en los españoles; después de todo, fuimos los que encontramos primero aquellas tierras.
Todorov nos da ejemplos del problema del otro, el conquistado, y reconoce claramente los avances tecnológicos del “yo” del conquistador. Según él, uno de los grandes problemas de los indígenas fue la incapacidad de su sistema comunicativo; es decir que ellos no manejaban el lenguaje de los conquistadores ni entendían sus costumbres. Todorov sugiere que es necesario conocer al otro para conocerse mejor. Su deseo de comprender, unir y comparar los dos lados, desde una perspectiva europea, sugiere que aún hoy existen las separaciones de continentes, países y culturas. Todorov nos presenta el problema del otro: el conocimiento europeo ante el conocimiento del indígena tratando de comparar el uso de las referencias textuales y cómo éstas contribuyeron a la historia de la conquista de las Américas. Para él, «el descubrimiento del otro tiene varios grados, desde el otro como objeto, confundido con el mundo que lo rodea, hasta el otro como sujeto, igual que yo, pero diferente de él, con un infinito de número de matices intermedios, bien podemos pasarnos la vida sin terminar nunca el descubrimiento pleno del otro».
Es muy interesante la relación entre Colón y los indígenas en este libro: Colón solía proyectar una identidad prefabricada al indígena. Presumía de entender lo que los indígenas querían decir e imponía su propio significado al discurso hablado de los indígenas. En realidad los indios no ocupaban ningún lugar en la hermenéutica de Colón. A veces, nos los describe como buenos y otras veces malos, dependiendo de la situación en que se encuentra… y nunca sale de sus propias percepciones. Nunca llega a conocer a los indios tal vez porque nunca llega a conocer bien a la propia tierra en que estos han crecido.
Para Todorov, el descubrimiento de América es el momento en el que el ego descubre la alteridad en un sentido moderno. Su análisis es toda una investigación de las modalidades a través de las cuales el europeo se apodera de la alteridad, en el encuentro con el indígena americano, a partir del nivel comunicativo.
¿Qué os lleva a pensar el tema? ¿Os resulta actual e interesante para nuestras pautas de educación lingüística e intercultural en la Europa de hoy? Esperamos vuestras sugerencias.

Estados inclusivos y democracias multiculturales

Sábado, Junio 14th, 2008

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El Informe sobre Desarrollo Humano correspondiente a 2004 (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), centró su atención en “La libertad cultural en el mundo diverso de hoy”. Han pasado ya 4 años y el concepto de ‘choque cultural’ resuena con fuerza y de manera inquietante en todo el mundo, recobrando particular importancia la necesidad de respuestas a la antigua pregunta de ¿cómo manejar y atenuar de mejor forma los conflictos en torno al idioma, la religión, la cultura y la etnia?
Para los profesionales dedicados al tema del desarrollo no se trata de una pregunta abstracta. Si el mundo desea lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio y erradicar definitivamente la pobreza, primero debe enfrentar con éxito el desafío de construir sociedades inclusivas y diversas en términos culturales. Esto no sólo es necesario para que los países puedan dedicarse a otras prioridades, tales como el crecimiento económico y la prestación de servicios de salud y educación para todos los ciudadanos, sino porque permitir la expresión cultural plena de toda la gente es en sí un importante objetivo del desarrollo.
La democracia, el desarrollo equitativo y la cohesión del Estado son factores esenciales, pero también es necesario contar con políticas multiculturales que den cabida de manera explícita a las diferencias culturales. Claro que a la minoría que detenta el poder no le interesa perderlo y se resisten a estas políticas acusándolas, cínicamente, de ser antidemocráticas y poco equitativas. Pero nosotros sabemos que las políticas multiculturales no sólo son convenientes sino que además son factibles y necesarias; que los individuos tienen identidades múltiples y complejas; que las culturas distan mucho de ser estáticas, que -al contrario- están en constante evolución; y que al admitir que existen diferencias culturales es posible lograr resultados equitativos. La unidad del estado versus identidad etnocultural no es una alternativa bien planteada. No hay tal disyuntiva.
En el marco de la diversidad cultural, los ciudadanos -además de identificarse con su país- desarrollan un fuerte sentido de identidad también con su comunidad, sea ésta étnica, religiosa, en función de una lengua o de otro tipo. La mayoría de los estados temen que el reconocimiento de esas diferencias traiga consigo la fragmentación social e impida el desarrollo armónico de la sociedad. Y la política de la identidad así entendida acaba por ser considerada una amenaza para la unidad del estado. Además, dar cabida a las diferencias reviste un desafío político, de modo que muchos estados han recurrido o bien a suprimir tales identidades diversas o a ignorarlas en la esfera pública.
Las políticas de asimilación -que en general consideran la supresión absoluta de las identidades de los grupos nacionales, étnicos, religiosos o basados en una lengua- intentan limar las diferencias culturales entre los grupos. Las políticas de integración buscan reivindicar una única identidad nacional al intentar eliminar las diferencias etno-nacionales y culturales de la arena pública y política, aunque estén permitidas en el ámbito privado. Ambos conjuntos de políticas suponen la presencia de una identidad nacional única. Por todo ello, defendemos que rectificar la exclusión cultural de las minorías y de otros grupos marginados requiere políticas multiculturales explícitas para garantizar el reconocimiento cultural. En muchos países, incluso europeos, estas políticas son de total urgencia y, desde aquí, las reivindicamos.

La ideología del nacionalismo lingüístico

Sábado, Junio 7th, 2008

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Muy a menudo se encienden las alarmas cuando alguien vincula la educación en lenguas con alguna de las muchas caras del poliedro ideológico. Hay quien pretende que las lenguas (y sus culturas), aún siendo vivas, carezcan de una valor ideológico en su dimensión educativa. Sencillamente eso es no saber nada de ellas. Como decimos, por ejemplo, en una de nuestra reflexiones (en el perfil biográfico del OAL lo podéis ver): «…ser profesor de lenguas y culturas también es, además de lo que todos sabemos que es, una opción política. Una opción política frente a las desigualdades. Y las desigualdades no están ahí para ser constatadas. Están ahí para resistirnos a ellas, primero, y para transformarlas después. ¿O alguien pone en duda que el ámbito de los aprendizajes de lenguas es un mundo de desigualdades en la presente sociedad de la cultura del mestizaje?».
Acaba de salir de imprenta un libro (El Nacionalismo lingüístico. Una ideología destructiva) que, en el poco tiempo de haber visto la luz, ha levantado un gran revuelo en este país: entre el gremio más conservador, por la consideración de su autor como un traidor; entre el gremio de nacionalistas radicales, por encontrar en él un argumento sobre el nacionalismo españolista esgrimido desde la propia lingüística.
Leemos en su contraportada: «Las lenguas, con todas sus riquezas, pluralidad y matices, deberían servir para comunicarnos, para expresar quiénes somos y qué sentimos, para describir el mundo y sus relaciones. Sin embargo en España y en otros países, se vienen utilizando como armas arrojadizas, causas de conflicto. Los discursos del nacionalismo (imperial-nacional o periférico-resistente) que versan sobre cuestiones lingüísticas –sea cual sea su origen y sus razones políticas, económicas o sociales- suelen valerse de una terminología pseudo-científica utilizada para justificar y legitimar situaciones de desigualdad política y cultural».
El libro, que os recomendamos vivamente, es una crítica al nacionalismo imperialista de lenguas como el chino, el indonesio, el ruso, el francés, el inglés y, obviamente, el español. El autor se centra en este último caso porque, como él mismo dice, es lo que mejor conoce, además de querer dejar constancia –como defiende en esta entrevista- de que “el castellano no está perseguido; ésa es una polémica ficticia”. Después de leer el libro y después de escuchar con qué pasión defiende la igualdad de todas las lenguas, no nos puede extrañar que cierta prensa española le considere prácticamente un traidor. En su presentación en Barcelona, organizada por Lingua Món–Casa de les Llengües, algunos han querido hacer explícito, de una forma nerviosa y rayando a veces la agresividad, que en Cataluña el catalán es una lengua imperialista. La respuesta del autor ha sido clara y contundente: el catalán sería imperialista si se quisiese imponer en Granada o en Galicia, querer ser la lengua de su propio territorio no tiene nada del imperialismo ni del nacionalismo lingüístico del que él habla…
El propósito de Moreno Cabrera, conocido por su defensa del plurilingüismo pasivo, es combatir los usos políticos de la lingüística, especialmente aquéllos que pretenden justificar que hay lenguas que son, intrínsecamente, superiores a las otras y que, por este motivo, han acontecido lenguas nacionales. Aclara que no va en contra del español, sino contra la ideología nacionalista española, que es profundamente agresiva y que se presenta escondida diciendo que los nacionalistas son los otros.
Como el autor declara en esta otra entrevista, «Mi libro es un termómetro para saber si uno es nacionalista o no. Si a uno le gusta es que no es nacionalista, ahora como no le guste… es que es nacionalista». El libro se articula en seis capítulos. En el primero, Lengua y nación: aspectos sociales y lingüísticos, analiza aspectos como el falso darvinismo lingüístico (que permite justificar tantas injusticias) y conceptos que tanto han sido manipulados como son los de lengua y dialecto, y el de lengua estándar. En un segundo, Nacionalismo lingüístico y discriminación, reflexiona sobre el nombre de la lengua nacional y explica cómo se pasó del castellano al español, y como esta lengua nacional se presenta como algo de superior a las otras lenguas. En el tercero, Nacionalismo lingüístico y colonialismo, trata temas como la lengua compañera del imperio colonial, la asimilación de los pueblos considerados ‘primitivos’. En el cuarto, Nacionalismo lingüístico e imperialismo, analiza la relación entre lengua e imperio económico (superada ahora la etapa del colonialismo) y destapa la ideología castellano-céntrica, dirigida desde Madrid, tanto de la Real Academia Española como del Instituto Cervantes, al cual no duda de tildar de megalómano en su tozudez de presentar el español como la lengua internacional con más proyección. En el quinto, Lingüística y nacionalismo lingüístico, vemos como una parte de los lingüistas se han puesto al servicio del nacionalismo lingüístico y como se usan los conceptos y términos técnicos de la ciencia para dar credibilidad científica a determinadas posiciones políticas. Y, finalmente, un sexto capítulo, donde analiza el estudio de J.C. Herreras, Lenguas y normalización en España (Gredos, 2006), ya que es un buen ejemplo de las nuevas formas que adopta el nacionalismo lingüístico español, el cual, con abundancia de datos pertinentes y bien estructuradas, distorsiona gravemente la realidad sociolingüística de las Comunidades autónomas con lengua propia. Como réplica, Moreno Cabrera defiende la política lingüística educativa de estas Comunidades si se quiere acabar con la idea que el castellano es la lengua realmente útil y las llamadas lenguas co-oficiales no son más que una molestia y una rémora.
Son especialmente interesantes los apartados en que demuestra el nacionalismo, casi racista, de autores como Menéndez Pidal, Alvar o Gregorio Salvador, empeñados en defender la superioridad de la lengua española como causa de su expansión primero en la península y después en América, y que, como sabemos, son la base del pensamiento que ha llevado a decir que el castellano nunca no se ha impuesto por la fuerza. En definitiva, un libro que intenta desenmascarar los usos ideológicos de los conceptos lingüísticos por parte del nacionalismo lingüístico español y donde el autor defiende sin tapujos la igualdad de todas las lenguas. Algo que desde este Observatorio también hemos defendido siempre compartiendo con Juan Carlos Moreno la idea básica de que no hay lenguas sin usuarios y que estos deben vivir en la igualdad y sólo así lo harán sus lenguas.