Llegamos al final del curso escolar en los países europeos. Un buen momento para la reflexión antes de generar nuevas ilusiones para el que viene. Más que el anterior, 2010 se ha caracterizado por el gran desarrollo institucional del tsunami del ‘bilingüismo a la europea’ en la mayoría de nuestros sistemas educativos: el CLIL. Ya son cada día menos, pronto nadie, quienes utilizan términos como AICLE, EMILE, Integriertes Fremdsprachen- und Sachfachlernen, etc. CLIL ha triunfado. Igual que han triunfado los bilingüismos de Estado: lengua oficial (o lenguas oficiales) + inglés. Europa es más que nunca una gran comunidad de pueblos, rica en su diversidad de lenguas y culturas, que se desliza de manera imparable por la pendiente de un nuevo estatuto de bilingüismo global que, lenta y progresivamente, minoriza las opciones de abrazar la esperanza de una ciudadanía con competencias plurilingües, aunque en una tercera o cuarta lengua solo sean parciales.
Vivimos en países democráticos, algunos de larga tradición, que desarrollan su existencia cotidiana bajo la dictadura de los mercados. Y los mercados han dicho que la lengua de estima, a la que nadie debe renunciar, es el inglés. Esa es la realidad, lo demás son visiones románticas trasnochadas. Es lo que piensan y dicen sin pudor los que sirven de correa de transmisión al mensaje de los implacables mercados.
Quienes, desde nuestra emociones e ilusiones creímos en una Europa de la cultura y el conocimiento, orgullosa y respetuosa con su unidad de diferencias, tolerante y flexible, abierta al diálogo en el encuentro intercultural, deseosos de impulsar la educación lingüística plural como la mejor manera de conseguir una mayor cohesión social, hemos perdido el sentido de la realidad. Nos sentimos perdidos en la soledad de la sinrazón. No entendemos que las invisibles pero férreas manos de los mercados tomen decisiones por nosotros, acostumbrados a un mundo de acuerdos democráticos.
Por eso solo nos queda recordar, para no olvidar, lo que pudo haber sido y no fue. Desde nuestras democracias, los Estados miembros de la Unión a través de las sinergias de diferentes grupos de agentes sociales expertos (lingüistas, politólogos, economistas, intelectuales, educadores, sociólogos, etc.) han ido adoptando acuerdos en materia de educación lingüística que fueron suscritos por sus respectivos responsables de gobierno. En 1995, con motivo del Libro Blanco de la Comisión Europea (Libro Blanco sobre la educación y la formación. Enseñar y aprender –Hacia la sociedad cognitiva) cobraba fuerza el concepto de 2 + 1 (dos lenguas europeas añadidas a la lengua inicial; 2 + 2 cuando hay un bilingüismo de partida). En la reunión del Consejo en Barcelona, en 2002, hubo que volver a recordarlo porque el incumplimiento de esta Recomendación era ya manifiesto. La Europa multilingüe estaba ya abrazando un bilingüismo de mercadillo sustentado sobre la hegemonía del inglés.
La Guía para el desarrollo de las políticas lingüísticas educativas en Europa: de la diversidad lingüística a la educación plurilingüe, en su versión definitiva de 2007, volvía a insistir en la fuerza y necesidad de este concepto en el terreno educativo.
Y 2010 cierra sus políticas educativas, en España y otros países de la UE, con un bilingüismo o trilingüismo a imagen y semejanza del dictado de los mercados. Se han incumplido la expectativas en torno a una ciudadanía Europa con competencias plurilingües que vayan más allá del inglés como lengua única. La paradoja es que el Informe ELAN (Effects on the European Economy of Shortages of Foreign Language Skills in Enterprise), resultado de una investigación contratada por el CILT británico en 2006 revela que no es suficiente con hablar una lengua como el inglés para poder entrar en un mercado extranjero. Y el Informe English Next (Why Global English may mean the end of ‘English as a Foreign Language’) que D. Graddol realiza por encargo de The British Council insiste en que “English is not enough”. ¿Qué será de las competencias interculturales en una Europa anglofilizada? ¿Serán nuestros ciudadanos del mañana individuos bilingües bi-culturales? ¿Era esa la Europa que queríamos construir? Pobre Europa. ¡Mucha suerte!
A instancia de varias personas que nos lo han solicitado, y ante el interés despertado por el magnífico reportaje que ha publicado José Luís Aranda en El País hace dos días, nos hacemos eco aquí de su contenido para mayor difusión del mismo a través de un extracto de sus puntos de interés. Especialmente dedicado a todos los que, acríticamente, viven en la obsesión de la gran lengua única universal con la esperanza de que su conciencia se avive:
«Aunque parezca complicado, hay un país en el que cantar el himno es casi más difícil que en España. El pasado 11 de junio Sudáfrica inauguró su Mundial y el himno nacional sonó ante millones de telespectadores en todo el mundo. ¿Cuántos se dieron cuenta de que las 80.000 personas que abarrotaban el estadio Soccer City de Johanesburgo tuvieron que cambiar hasta cinco veces de lengua para entonar la canción al unísono? ¿Cuántos sabían que Sudáfrica tiene 11 lenguas oficiales? ¿Sabías que entre esas nueve lenguas no se encuentra el korana, que según la Unesco no hablan más de seis personas y es un firme candidato a unirse a la lista de idiomas extintos? ¿Cómo sobrevive y cómo muere una lengua?
A principios de este año, medios de todo el mundo celebraron un funeral por el idioma bo cuando la última hablante de esa tribu de las islas Andamán (India) falleció a los 85 años. Sin embargo, la lingüista Colette Grinevald, con cuatro décadas de experiencia de trabajo con lenguas indígenas americanas, pone en duda el concepto de último hablante: “Es un mito para periodistas, nunca se sabe cuál es la última persona que habla una lengua porque los últimos hablantes se esconden al ser una lengua despreciada”. Grinevald (Argel, 1947) recuerda los primeros manifiestos a favor del plurilingüismo en los 80 y asegura que los lingüistas llegaron “con 20 años de retraso respecto a los biólogos” en la defensa de la diversidad. De vuelta a 2010, los programas se han multiplicado, pero no está claro que la ayuda sea suficiente y los expertos estiman que más de la mitad de las 6.000 lenguas que se hablan en el mundo están amenazadas.
De Kurdistán a Nicaragua
“El programa Sorosoro se inició en junio de 2008 tras dos años de reflexión y preparación. Su finalidad es contribuir a la salvaguarda de las lenguas y las culturas en peligro a través de los medios audiovisuales” cuenta Rozenn Milin, directora de esta iniciativa de la Fundación Chirac, la organización creada por el ex presidente francés. Nacida hace medio siglo en la Bretaña francesa, en cuya lengua lanzó una televisión bilingüe pionera en Francia, Milin relata por correo electrónico que se concienció definitivamente sobre la diversidad cultural en un viaje al Kurdistán turco a principios de los 80: “Había un pueblo sin apenas electricidad con un único aparato de televisión en la plaza. Todos miraban el mismo programa: ¡la serie americana Dallas traducida al turco! Eso me provocó vértigo. Era como una señal de alarma”.
En esa misma época, las señales de alarma del Kurdistán eran ya un grito desesperado en la selva centroamericana. Grinevald llegó en 1984 a Nicaragua, donde la revolución más linda del mundo cruzó su destino con el del pueblo rama, una comunidad que no llega al millar de personas. “Llegaron llorando al Gobierno sandinista porque habían perdido su lengua. La despreciaban tanto que la habían perdido”, cuenta telefónicamente desde Lyon, en cuya Universidad da clases y forma parte del laboratorio Dinámica del Lenguaje. Como este pueblo indígena de la costa atlántica nicaragüense no hablaba castellano sino inglés criollo, los sandinistas pidieron ayuda a Grinevald, entonces profesora en la Universidad de Oregon (EE UU).
Un cuarto de siglo después, la hazaña profesional de Grinevald continúa. Su desprecio hacia “el hablante que asume un estatus por ser el último”, le ha llevado a despreocuparse por saber si cuando llegó al territorio de los ramas había más o menos de cinco personas capaces de hablar en esa lengua de la familia chibcha. Lo importante es que dio con una: “Los hablantes se escondían, pero busqué y al final encontré una viejecita que la conocía muy bien y estaba dispuesta a enseñarla”. De las conversaciones con Miss Nora (fallecida en 2001) hasta hoy, la situación ha cambiado mucho: “Todos quieren aprenderla. Quieren hablar por la calle y que otros los reconozcan como ramas. No es para expresarse sino por identidad, en eso hemos ganado la batalla”.
Los jóvenes ramas, como sus padres, no hablan la lengua, pero chapurrean algunas expresiones. “Los europeos creen que rescatar es que vuelva a hablarse como lengua materna, pero hay pocos ejemplos de eso. Los más conocidos son el hebreo y el irlandés. Ambos son proyectos estatales con una inversión enorme”, dice Grinevald. Más modesto es el proyecto Turkulka.net, un diccionario online de unas 3.500 palabras. “¡Hasta los japoneses pueden saber que existimos!”, exclamaron los ramas al verlo por primera vez.
Divulgación en la Red
Todo ese trabajo no pasó desapercibido para Sorosoro, que cuenta con Grinevald en su consejo científico y que también ha encontrado en la Red una aliada. “Lo que defendemos, en el fondo, es la idea misma de diversidad, que es necesaria para el ser humano”, señala Milin. Su punta de lanza es el portal Sorosoro.org (disponible en español) y que incorpora un canal en Youtube para ver los trabajos de sus equipos de campo. Vídeos como los que acompañan este artículo; en los que Jean Emile y Henriette nos enseñan a contar en punu o a decir los días de la semana en mpongwe, una de las más de 40 lenguas que conviven en Gabón y a la que las previsiones más optimistas atribuyen unos 4.000 hablantes. Sus oyentes potenciales se cuentan ahora, sin embargo, por millones.
La idea, como la de los numerosos recursos online de otras organizaciones similares, es convertir al potencial enemigo en aliado: la Unesco ha alertado en varias ocasiones del peligro para la uniformización cultural que supone Internet, donde el 90% de contenidos se escriben en apenas una docena de lenguas. Y es que la Red refleja lo que es la Humanidad. “Yo creo que alrededor de un 50% de las lenguas actuales no llegarán al siglo XXII”, señala Carme Junyent desde la Universidad de Barcelona. Esta profesora de lingüística es una de las pioneras del estudio de lenguas amenazadas en España. En 1992, creó junto con unos alumnos el Grupo de Estudio de Lenguas Amenazadas.
Junyent, a la que cuesta localizar al teléfono en su despacho, describe una actividad frenética que les ha llevado a inventariar unas 300 lenguas con presencia en Cataluña, del catalán a hasta cinco variedades de chino aportadas por la inmigración. Un trabajo desbordante en un grupo de apenas siete personas que nació para promover el estudio de lenguas olvidadas en la facultad. “Fracasamos rotundamente en este sentido”, reconoce sin sonar demasiado nostálgica, “en cambio hemos descubierto que en Cataluña se hablan muchas lenguas y se llevan a cabo iniciativas que las dignifican”.
Intrínsecamente multilingües
Las palabras vergüenza y dignidad suenan continuamente en boca de las personas que saben cómo mueren las lenguas. Cómo sus hablantes las matan por vergüenza a usarlas en público. Cómo la presión de otra lengua dominante les hace creer que la suya es menos digna. Sobre esas situaciones recibió una inesperada lección Grinevald cuando estaba casada con un “americano monolingüe” y vivía en EE UU. Un día, su hijo mayor le dio patadas al salir del cole por hablarle en francés ante sus compañeros. La solución fue ampliar su horizonte: “Cuando cumplieron cuatro y seis años me llevé a mis hijos a Francia y vieron que allí todos hablaban francés. Vieron que yo no era una loca, sino francesa”.
“Hay una pequeña falacia: todo el mundo piensa que es mejor hablar una lengua para comunicarse, pero hay casos que contradicen esto” señala Iraide Ibarretxe, profesora de la Universidad de Zaragoza, en la que organizó este mismo año un Curso de lenguas en peligro de desaparición y procesos de revitalización. Las contradicciones son fundamentalmente dos: la tendencia de las lenguas a diversificarse cuando crece la comunidad de hablantes “La lengua es un ser vivo y va a ir cambiando. Ahora se habla de varios ingleses, no ya solo de británico o americano”- y las capacidades cognitivas del ser humano, que es “intrínsecamente multilingüe” como muestran los habitantes de países como India o Papúa-Nueva Guinea, donde todo el mundo maneja varias lenguas.
Ibarretxe, que es bilingüe en castellano y euskera, cuenta que el curso partió de la idea del otro profesor coordinador, Alberto Hijazo, al entrar en contacto con las lenguas indígenas de California, pero su contenido se adaptó a la situación española. “En Zaragoza estaba el maremágnum de la ley autonómica de lenguas, había mucha desinformación y se pensó que podía ser interesante”. El aragonés, con unos 10.000 hablantes, es una de las cuatro lenguas de España que aparecen en el Atlas de la Unesco de lenguas en peligro, junto con asturiano, aranés y euskera. Tanto Junyent como Ibarretxe alertan de que estas iniciativas enmascaran una diversidad lingüística mayor. Para Grinevald, que se considera “medio baturra” porque aprendió español en Zaragoza y visita asiduamente Cataluña desde hace cuatro décadas, el problema de la defensa de lenguas minoritarias en Europa va más allá: “Es interesante que no se traduce en una solidaridad con las lenguas americanas, es una batalla entre élites europeas”».
Hoy viajamos a otro lugar, en el tiempo y en el espacio, para hacernos eco del proyecto educativo que promueve la región de Lambayeque, situada en la parte noroccidental del Perú. Un proyecto que promociona el uso de las lenguas originarias como símbolo de la perpetuación de las costumbres y tradiciones de los pueblos de la región, como testimonio auténtico de su singularidad y sello inequívoco de la estirpe mochica de pertenencia.
Lambayeque registra un importante avance en la educación intercultural, teniendo en cuenta que es una región en la que habitan diversas comunidades culturales conviviendo con diferentes lenguas maternas y formas de expresión (quechua, aimara, muchic).
El proyecto educativo de la región destaca la importancia de alfabetizar en su lengua materna a las comunidades que hablan las lenguas originales, distintas del castellano, porque entienden que la presión de un mundo globalizado en inglés y español amenaza la existencia de sus lenguas originarias. Como recientemente ha señalado Ronald Ramirez: “A nuestra lengua madre le debemos todo lo que sabemos y todo lo que somos. Ya que nuestra personalidad se forma en la interrelación con otros, que sólo es posible a través del lenguaje. Y todo lo que aprendemos, ya sea leyendo o escuchando a otros, también depende de nuestra lengua madre que debemos cultivar propiciando su uso doméstico tanto en casa como en los medios de comunicación, el comercio, la televisión regional que debe difundir su programación tanto en español como en nuestra lengua materna -en el caso de Lambayeque, el muchic”. Los argumentos que sostiene este profesor lambayecano, ardiente defensor de la diversidad de lenguas y culturas, no son desconocidos pero sí de interés para recordarlos porque, cada día, nuestra memoria es más débil en estas cuestiones:
Personal: La lengua materna es necesaria para mantener la identidad.
Social: Cuando no se mantiene la lengua materna hay una pérdida de conexiones y enlaces culturales en el vecindario y en el mundo.
Intelectual: Los alumnos necesitan un continuo desarrollo académico. La tendencia global de aprender solo en inglés usualmente resulta un fracaso académico.
Educativa: Los alumnos que aprenden en inglés mientras continúan el desarrollo de la lengua materna, tienen más éxito académico en los años posteriores.
Económica: Hay más oportunidades de empleo en Norte América y en el mundo para personas con fluidez en inglés y otro idioma.
Se estima que actualmente se hablan alrededor de 600 lenguas aborígenes en toda América. Antes de la llegada de los españoles el número de lenguas amerindias era el doble. Es decir, cientos de lenguas han desaparecido y con ellas la cosmovisión de los pueblos que las hablaban. Se calcula además, que en los próximos años alrededor de 300 lenguas van a desaparecer en todo el continente americano. Tal vez, si en lugar de lenguas dijéramos especies vegetales o animales despertaríamos la preocupación de los grupos ecologistas y las campañas de prevención se sucederían. Pero hablamos de lenguas minoritarias, de comunidades olvidadas, de grupos excluidos… y, tal vez por eso, no merecen la atención de los organismos gubernamentales, de instituciones educativas, ni de los grupos intelectuales.
La importancia de la lengua materna no puede ser minusvalorada, toda vez que está íntimamente relacionada con nuestra personalidad y entorno. Pero en los últimos años, y como consecuencia de la globalización, se intenta convencernos de la importancia que tiene el aprendizaje de una lengua a la que se considera como universal. Esta idea no se diferencia demasiado de aquella otra que buscaba la creación de una lengua artificial, el esperanto, como medio de comunicación, sin tener en cuenta que cada lengua encierra la visión del mundo de sus hablantes: cómo piensan, qué valoran, en qué creen, cómo clasifican el mundo que les rodea. Pero quizás lo más grave de creer en la posibilidad de que una única lengua franca funcione como medio de comunicación universal, es no saber valorar la riqueza que supone la diversidad lingüística y cultural, ¿no os parece?
El 16 de junio de 1976 es para Sudáfrica una fecha decisiva en su escalada de liberación frente a la política del ‘apartheid (“desarrollo separado” en afrikáans) impuesta por los herederos de los trekkers blancos, descendientes de un puñado de jardineros holandeses que habían desembarcado en el Cabo en 1652 para plantar verduras de ensalada y resolver así el problema de escorbuto que padecían las tripulaciones de la Compañía de las Indias Orientales de Ámsterdam que doblaban esta punta de África, que primero como bóers y después convertidos por su propia voluntad en afrikaaners, no dudaron en enfrentarse a las tribus negras, a los buscadores de oro y diamantes y a los casacas rojas de la reina Victoria, a lo largo de su conquista de más de tres siglos de esta ‘tierra prometida’, convencidos por su fe calvinista de que Dios les había elegido para ello.
El relato que sigue está tomado del libro Un arco iris en la noche, de Dominique Lapierre, y describe cómo la imposición de la lengua inventada por los afrikaaners blancos -el afrikáans- se trata de imponer en los townships donde un puñado de blancos recluye a millones de negros (kaffirs). Una amarga lección de la historia.
«Son las diez de la mañana cuando un zumbido de helicópteros volando a baja altitud ensordece a Sue Krige y a sus alumnos. Todos salen al porche de la escuela con el fin de observar la gran jauría de aparatos que se dirigen hacia el township de Soweto, la mayor ciudad negra de Sudáfrica, situada a unos diez kilómetros al oeste […] Los helicópteros depositarán decenas de policías fuertemente armados en el campo de batalla de la revolución más importante que haya iniciado nunca la población negra de un país. Un hecho extraordinario: los protagonistas son niños […] Soweto, un mosaico de unos 40 barrios de pobreza desigual a las puertas de Johannesburgo; una ciudad fantasma, sin límites ni farolas, sin electricidad ni agua corriente […] donde los policías disparan sus metralletas para echar abajo las puertas de las casas al grito de ¡Muerte a los kaffirs! […] un lugar con todo tipo de miserias que, sin embargo, realiza la hazaña de acoger a más de doscientos mil de sus niños bajo el techo de las 350 escuelas […] dirigidas, administradas y vigiladas por funcionarios del Ministerio de Educación indígena de Pretoria […] La educación excluye aquellas materias que los blancos consideran que los kaffirs no van a necesitar para cumplir su karma de subhombres.
La brutal decisión de imponer el afrikáans como lengua suplementaria de estudio y de trabajo en todas las escuelas negras desencadena una conmoción unánime entre los educadores y sus alumnos. ¿Cómo una generación de jóvenes negros que domina ya con tanta dificultad el inglés podría, de la noche a la mañana, estudiar biología o geografía en una lengua arcaica y sin gramática, inventada en otro tiempo por los trekkers del Gran Viaje para remarcar su identidad africana? Sobre todo cuando no existen, en la inmensidad polvorienta de Soweto o de otros townships, ni maestros ni libros suficientes para asegurar esta enseñanza. La agitación se extiende de escuela en escuela [.] “Si los blancos quieren obligarnos de repente a hablar y escribir su afrikáans es para cortar nuestra raíces”, declara un alumno […]; boicotean las clases que se dan en afrikáans, prenden fuego a los libros y a las copias de los exámenes redactados en la lengua maldita […] Maestros y estudiantes han dicho NO a hablar el afrikáans de los blancos. Lo dirán pacíficamente a lo largo de una grandiosa manifestación de protesta…
Luego, de repente, se oye brotar de mil gargantas un canto triunfal, el himno del pueblo negro “Morena Bolota sechaba sa heso!” (¡Oh Dios, salva nuestra nación!) […] Un sargento replica lanzando una granada de gases lacrimógenos… otro descarga su metralleta al azar […] Numerosos jóvenes caen. Es entonces cuando surge del caos una visión digna de la desgarradora Pietà de Miguel Ángel. Una Pietà en la que el Cristo descendido de la cruz es un niño negro cubierto de sangre; en la que la Virgen que lo lleva en sus brazos es un adolescente vestido con un peto y el rostro descompuesto por el terror; donde María Magdalena, a su lado, es una jovencita que llora e implora piedad con las manos. Tres personajes infantiles que reúnen en su dolor de crucificados el súbito horror que acaba de estallar […] Soweto ya tiene su mártir […] Una gran parte del township es pasada a sangre y fuego».
Ser bi/plurilingüe ayuda a mantener la mente joven. “Dominar dos idiomas es bueno para mantener la mente joven”, han asegurado recientemente un grupo de investigadores canadienses. Los adultos mayores que crecieron hablando dos o más idiomas demostraron tener mentes más rápidas que las personas que dominaban uno sólo, de acuerdo con las pruebas de su investigación. Los ‘pluris’ mostraron un menor deterioro natural asociado al envejecimiento que los ‘mono’.
Las pruebas de las personas que crecieron hablando inglés y tamil -una lengua de la India- o francés sugieren que la necesidad de saber dos o más idiomas mantiene al cerebro elástico y puede ayudar a prevenir una disminución en la respuesta mental que provoca el envejecimiento, según los investigadores. En un artículo de la publicación Psychology and Aging,Ellen Bialystok de la Universidad de York en Canadá y sus colegas nos informan que en su estudio evaluaron a 104 personas, adultos entre 39 y 59 años, que hablaban uno y dos/tres idiomas. Además estudiaron a otros 50 adultos entre 60 y 88 años.
Utilizaron para la evaluación una prueba denominada ‘Simon Task’, que mide el tiempo de respuesta para tareas cognitivas, como reconocer en que parte de la pantalla de una computadora aparece un cuadrado de colores. Tanto los más jóvenes como los mayores bi/plurilingües respondieron más rápido la prueba, informó Bialystok: «Comparamos grupos de personas que, hasta por lo que podemos saber, son exactamente iguales. Todos tenían el mismo nivel de educación, obtuvieron el mismo resultado en el examen cognitivo y desarrollaron la misma cantidad de evaluaciones. Además obtuvieron las mismas calificaciones en las pruebas de inglés. La diferencia estuvo en que la mitad de las personas creció hablando francés o tamil en sus hogares e inglés fuera de ellos. Todos hablaron los dos idiomas todos los días desde la niñez».
Las personas que fueron competentes en un segundo idioma adquirido en la escuela no fueron incluidos en el estudio para mantener los efectos lo más claro posibles y con ausencia de contaminación.
Bialystok dijo que su anterior estudio con niños se vislumbraba ya que eran las circunstancias las que fuerzan a un cambio en la forma en que el cerebro procesa la información y, nada más lejos de la extendida creencia de que el avance en competencia en otras lenguas es una cuestión de talento y dotes naturales. «En el grupo de personas que dominaba un sólo idioma las diferencias entre los adultos jóvenes y los adultos mayores guardaban relación (con el deterioro visto) en estudios anteriores», dice Bialystok. «En los mayores que dominaban dos idiomas, este proceso disminuyó significativamente, drásticamente», añade la investigadora.
Mañana, todos los europeos, cualquiera que sea nuestra identidad particular, celebramos el Día de Europa. Desde el OAL, queremos hacernos eco de este Día con un humilde homenaje, a modo de reflexión, desde el texto que aquí os dejamos: un escrito de la novelista afgana Spôjmaï Zariab. ¡Que lo celebréis bien!
Babilonia reconquistada
«La separación brutal del contexto lingüístico y cultural se asocia, en mi espíritu, a la imagen de un árbol arrancado de cuajo y trasplantado a otro lugar. El árbol, que hasta ese momento había extendido sus raíces en su propia tierra y se erguía firme y sólido sobre ella, se halla de pronto desenraizado, y lucha por arraigarse nuevamente en otra tierra y permanecer en pie.
La imagen de ese árbol en su tierra y en tierra extraña abrasa mi corazón y pienso en la angustia y soledad de la planta. Bien sé que quienes en una época de sus vidas se vieron obligados a abandonar su territorio lingüístico y cultural para establecerse en otro conocen muy bien tal angustia y soledad. Reviven la historia de Babilonia y su torre y saben qué es la ira divina. Recuerdan la historia de aquellos hombres que, queriendo ser Dios, se consagraron a la construcción de una torre. Día tras día, la torre iba tomando forma y ganando altura. A medida que la construcción se aproximaba al cielo esos hombres se convertirían en Dios… Entonces Dios se encolerizó y les quitó la unidad de su lengua. Ya nadie entendió el idioma del prójimo. La torre quedó inconclusa y el afán por ser Dios todavía más. Cada lengua se transformó en un muro y los hombres se encontraron solos e impotentes. Se aislaron tras el muro y el deseo de convertirse en Dios desapareció.
Es posible que fueran esos mismos gritos de soledad y esa ausencia de interlocutor inteligible los que, tomando cuerpo, dieron nacimiento a la poesía y la literatura… y cada lengua se convirtió en un tesoro cuya riqueza no conoce límites ni confines.
Si Dios quitó al hombre la unidad lingüística; para resarcirse, el hombre creó la diversidad de la traducción. Cada traducción abre una puerta en un muro, una puerta que da hacia otra lengua, otra cultura, otra existencia y otra riqueza. Así, todo lector de una lengua que pueda franquear esas puertas, podrá olvidar Babilonia y la ira divina; la otra lengua se convertirá en su lengua, hará suya la otra cultura, la existencia otra será su existencia y otra riqueza enriquecerá la suya propia.»
Hace un año que la mexicana Cirila Baltazar Cruz, de 34 años, llegó a un hospital de Pascagoula (Mississippi, USA) para dar a luz a su tercer hijo: una niña a la que llamó Rubí. Se la quitaron a los dos días de nacida y estuvo ocho meses sin saber nada de ella. La niña fue dada en adopción. Cirila, de origen indígena, fue acusada de negligencia infantil y una orden judicial le retiró la custodia de su hija. Un tribunal estatal refrendó la decisión. Cirila nunca supo de qué se la acusaba. No habla inglés y tampoco domina bien el español.
Los problemas comenzaron en el hospital. Cirila habla chatino, una lengua que comparten unas 50.000 personas y que es originaria de Cienegilla, en el Estado de Oaxaca, al sureste de México. Habla algo de español, pero se nota incómoda. Con palabras inseguras, solo encuentra una razón posible por la que se llevaron a Rubí: “Debieron de haber pensado que yo no era una buena madre“. La mujer trabajaba como camarera en un restaurante de comida china en Biloxi, a 40 kilómetros de Pascagoula. Cirila había acudido al hospital acompañada por un familiar, que se ofreció como intérprete pero que fue rechazado por la administración del centro. Le fue asignada entonces una intérprete de español e inglés, que fue la que denunció a Cirila. En un documento presentado en el tribunal, la intérprete afirmó que planeaba “dar a su hija en adopción y volver a México” y que al no hablar inglés “ponía en riesgo” al bebé. Cirila lo niega categóricamente. “Yo nunca pensé abandonar a mi hija. Yo soy la madre de la niña y ella tiene que regresar conmigo“, explica.
Cirila y sus familiares acudieron a la Asociación por los Derechos de los Inmigrantes en Mississippi. Su coordinadora, Vicky Cintra, explicó que el caso es un “brutal atropello” que refleja “la discriminación y desamparo” al que se enfrentan los inmigrantes sin papeles en EE.UU y, concretamente, los de origen indígena: “Este es un caso que refleja las barreras que el idioma impone a muchos inmigrantes”.
La decisión de la juez Sharon Sigalas se basa, según el dictamen, en que la madre “no habla inglés y apenas español“, “carece de medios económicos” y “es una inmigrante sin papeles“. El tribunal concedió la custodia, en primera instancia, a una pareja estadounidense, pero el Consulado de México en Nueva Orleáns, en coordinación con organizaciones de la sociedad civil estadounidense, gestionó que Cirila contara con un intérprete de chatino y con un abogado defensor, quien interpuso un recurso de apelación que finalmente tuvo éxito y consiguió revertir el fallo judicial de forma que madre e hija han vuelto a estar juntas viviendo en Oaxaca.
En el pasado mes de febrero el siniestro de Hal ponía en duda la seguridad de los trenes belgas. No es la primera vez que un absurdo error humano, acompañado de un fallo técnico, provoca una tragedia ferroviaria en Bélgica. Hace nueve años, el 27 de marzo del 2001, dos trenes colisionaron en Pécrot, a veinte kilómetros de Bruselas, porque el maquinista de uno de ellos se saltó un semáforo. El factor de una estación cercana advirtió el error y trató de avisarle por radio, pero el maquinista no le comprendió porque le hablaba en flamenco y él -declararon sus compañeros tras el suceso- solo entendía el francés.
Hasta esta tragedia, el último gran accidente ferroviario que recordaban los belgas era el de Pécrot. Ese siniestro también tuvo mucho que ver con las fracturas lingüísticas del país. Un trabajador, tras advertir la salida errónea de un tren de su estación, avisa a la estación de destino y un compañero no puede reaccionar a tiempo porque ninguno entiende el idioma del otro. En el choque de hace dos días uno de los trenes era valón y el otro, flamenco. Todo un símbolo en un país en que las tensiones entre la comunidad francófona y la de habla holandesa amenazan con colisionar cualquier día. Mientras que el Rey y el Primer Ministro anulaban sus respectivos compromisos, el presidente de la región flamenca, Kris Peeters, se olvidaba de la otra mitad del país y declaraba: “Hoy es un nuevo día negro para Flandes”. Y es que algunas tragedias pueden esconder incluso un tercer nivel de lectura.
A pesar de todo intento social, institucional y educativo por la promoción del valor de la diversidad lingüística y cultural, la fuerza de la presión del mercado, de la sociedad mediática global, y de la extendida ignorancia de la ciudadanía del siglo XXI, nos sitúa -de manera casi irremediable e impotente- ante la impaciente premura por el anunciado día de Pentescostés. La postmodernidad, como una sola voz, reclama sin ambages el idioma universal.
Sirva la referencia que aquí recogemos para recordar que el fenómeno no es nuevo sino más bien cíclico, y que la reivindicación de la pluralidad de lenguas y culturas no debe jamás colarse por el agujero del paletismo intelectual que vivimos con la imposición de la lengua franca única y global.
«Algúns homes -galegos, tamén- andan falando dun idioma universal, único para toda a nosa especie. Son os mesmos que buscan a perfección baixando pola escala zoolóxica, até sentir envexa das formigas e das abellas. Son os mesmos que perderon o anceio de chegar a deuses e renegan das inquedanzas que produce a sabedoría. Son os mesmos que consideran o mito da Torre de Babel como un castigo e renegan da vida ascendente. Pero eu dígolles que a variedade de idiomas, coa súa variedade de culturas, é o signo distintivo da nosa especie, o que nos fai superiores aos animais. Aí vai a demostración: un can de Turquía oubea igual que un can de Dinamarca; un cabalo das Pampas arxentinas rincha igual que un cabalo de Bretaña. E sabedes por que? Porque os pobres animais aínda están no idioma universal» (Castelao, 1977: 43).
Castelao, Alfonso Daniel Rodríguez (1944): Sempre en Galiza. Madrid: Akal [1977].