Acento social: te delatará.
Febrero 6th, 2010
Es la tercera vez que hablamos de esta tema (ver nuestras entradas de 24 de marzo, 2007, y de 14 de febrero, 2009, en las categorías -respectivamente- de ‘Enseñanza, aprendizaje…’ e ‘Interculturalidad’). Y lo hacemos motivados por dos hechos que nos trasladaron, en su día, a este Observatorio sobre las consecuencias de que el acento social nos delate en una determinada situación; en este caso, para mal.
En el primer caso se trata de una denuncia que acaba de cerrarse de manera insatisfactoria para la demandante. El hecho sucedió ya hace unos años y en síntesis tuvo que ver con unas oposiciones de inglés para plazas de EOI donde una candidata, tras hacer un brillante ejercicio y su correspondiente defensa oral, fue suspendida porque -en palabras de la presidenta del tribunal: “Todo había estado muy bien, pero se le notaba mucho el acento gallego al hablar en inglés”.
El segundo caso versa igualmente sobre oposiciones. A raíz de la amplia convocatoria de plazas de Inglés para primaria en Andalucía el curso pasado, muchas opositoras decidieron presentarse en aquella Comunidad. Una de ellas, gallega, que había establecido residencia temporal allí, sufrió el acoso de otras concursantes durante las pruebas en un intento por dejar claro que no era andaluza y, al parecer, no “debía” presentarse en Andalucía. No fue menor la importancia de la posición del tribunal que, alertado por esta situación, se esmeraba en diseñar estrategias para indagar, desde la oralidad, la procedencia de los aspirantes. La chica también fue suspendida a pesar de un brillante actuación en la oposición.
Está documentado que el editor de Psychology Today experimentó sobre su teoría del contrato de matrimonio fundamentada en que el amor es un comportamiento aprendido y, aireada por la prensa su hipótesis de que es posible enamorarse comprometiéndose a aprender a amarse el uno al otro, recibió 300 cartas de candidatas. Su agente en Nueva York le dijo orgulloso que había rechazado a una de ellas porque en la entrevista había percibido que tenía acento extranjero (The Boston Globe, 2002). En Westfield, Massachussets, “…unas 400 personas firmaron una petición solicitando a representantes locales y estatales que se prohibiese contratar a cualquier maestro de primaria que hablase inglés con acento” porque, según ellos, “el acento se pega” (A. Lupo, 1992, ‘Accentuating the negative’, The Boston Globe, p. 19). El director de Westfield apoyó la petición (que implicaba el despido de una maestra puertorriqueña) alegando que nunca hubiese contratado a A. Einstein para dar clases en su colegio porque hablaba inglés con acento extranjero. ¡Menos mal que en el MIT pensaron de otro modo!













