Ecolingüística

Julio 19th, 2008

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Como es conocido, David Crystal sostiene desde hace tiempo que es necesario un movimiento social para evitar la extinción de lenguas. A comienzos de 1997 el lingüista de origen irlandés escribía en el diario The Guardian: “Imagine qué puede ocurrir si el inglés continúa creciendo al ritmo al que lo ha hecho. Quizás llegue un día en que sea la única lengua que pueda aprenderse. Si esto llega a suceder, será el mayor desastre que habrá conocido el planeta en toda su historia“.
D. Crystal se ha convertido en un estandarte del multilingüismo. En su libro La muerte de las lenguas (Cambridge, 2001), da cinco razones para salvar las lenguas. “Porque necesitamos la diversidad y porque las lenguas expresan la identidad, son depositarias de la historia, contribuyen al conocimiento humano y son interesantes por sí mismas“.
Reproducimos aquí una reciente entrevista en la que trata el tema:
¿Es necesario un movimiento para salvar las lenguas similar al ecologismo?

  • Una ecología lingüística es tan urgente como la biológica. La diversidad lingüística es un bien básico del ser humano. Cada lengua expresa una visión del mundo y qué significa ser humano, y cada lengua perdida implica la pérdida de una de estas visiones. Los argumentos son exactamente los mismos que aquellos utilizados en el ámbito de la conservación de plantas y animales, salvo que aquí hablamos de diversidad intelectual.

¿Hay lenguas verdugo que están borrando del mapa el resto de las lenguas?

  • Cualquier lengua dominante es una amenaza potencial para las lenguas minoritarias cercanas. En algunas regiones de África, las lenguas minoritarias están amenazadas por las dominantes, como el suahili o el árabe. El inglés ha sido la lengua más poderosa en algunos lugares, como Australia. En otros, ha sido el español, como en la mayor parte de Suramérica. Pero no me gusta emplear palabras como verdugo, sobre todo cuando hablamos de personas que utilizan estas lenguas para tener una mejor calidad de vida. La gente no escoge la ejecución.

El concepto de ecología de las lenguas fue usado por Einar Haugen en 1972 para referirse “al estudio de las interacciones entre la lengua y su entorno.” El entorno se entiende como psicológico y sociológico. Para Haugen es muy importante que la cuestión no se reduzca a la descripción de la situación social y psicológica de la lengua sino al efecto de esta situación en la lengua. La ecología de la lengua no se limita a la descripción de las lenguas sino a promover su uso y preservación. Haugen explica que el término de “Ecología de las lenguas” así como el de “Familia lingüística” son metáforas derivadas de los estudios de la existencia de la vida. Esta metáfora es muy útil para las propuestas de políticas lingüísticas multilingües.
La preservación de las lenguas no es solo un asunto lingüístico porque no puede separarse de las luchas por la autonomía, la democracia y el reconocimiento de los derechos colectivos de las personas. La ecología lingüística es un trabajo para quienes creen que otro mundo es necesario.

El Manifiesto: ¿Una proclama nacionalista?

Julio 12th, 2008

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Aunque tarde, no podíamos dejar de traerlo aquí. No para adherirnos, parece que sobran ya firmas cautivas, sino para trasladar nuestra reflexión abierta y crítica. A partir de su presentación pública, planteada como “una iniciativa que trata de defender el derecho individual y común a tener el castellano como lengua compartida”, se han sucedido en este país y en bastantes otros países reacciones muy diversas en un continuum que se mueve entre dos extremos: la adhesión inquebrantable y el rechazo total al texto. Este Manifiesto no es algo nuevo en España, aunque esta vez se politice mucho más. Es algo recurrente cono lo es la crispación del país, ahora por esto ahora por aquello. De vez en cuando le toca a las lenguas y a sus usuarios. Ya a finales de 1994, el mismo medio que ahora lo ha hecho se encargaba de airear, cargando tintas, las declaraciones del entonces director de la Real Academia Española, Fernando Lázaro Carreter, y su carta a Felipe González para solicitar de los poderes públicos la adopción de medidas que fomentasen en las Comunidades con lengua propia «un bilingüismo real sin diglosia», esto es, que evitasen que una de las dos lenguas se sitúe en una posición de privilegio. Carta a la que la ministra de Cultura, Carmen Alborch, respondía aplaudiendo que la Academia «valore la importancia del castellano, pero también la del plurilingüismo», al tiempo que añadía que «el castellano no tiene por qué sentirse amenazado».
Una vez más asistimos al trágico espectáculo, en el país donde las corridas de toros son fiesta nacional, de miles de ciudadanos que se despiertan y movilizan cuando se desentierra el hacha de guerra de las lenguas y sus culturas patrias: la España envidiada, desde fuera, por la riqueza patrimonial de su exquisita diversidad lingüística y cultural y empecinada, desde dentro, en dinamitar la construcción de su cohesión social (que no quiere decir ‘homogeneidad’) por justamente un valor -la pluralidad de lenguas y culturas- que se basa en el respeto a la diferencia y el fomento de la convivencia. Todo ello no tendría más importancia si de manera permanente, cuando las banderas del debate lingüístico se alzan, no surgiera siempre el riesgo de que esta agitación llegue a afectar a la convivencia.
La reflexión que hay que dar hacia dentro y hacia fuera ¿no debería ir en la dirección de qué aprecio hay realmente en España por una lengua común sin menospreciar el excluir las otras? No parece que muchos de los grupos que se han adherido de inmediato al Manifiesto, muy al margen de la intención de sus autores, tengan otro aprecio que no sea el derivado de un nacionalismo lingüístico tan extremado o más radical que el peor de los males que se achacan a los nacionalistas excluyentes de nuestras nacionalidades territoriales. No hay que olvidar que algunos intelectuales como Antonio Gamoneda y J. A. Marina se han desvinculado ya de sus respectivas iniciativas al considerar que está politizada y que su firma puede ser utilizada con determinados fines. En palabras de Gamoneda: “Dije y digo que el manifiesto era razonable. En su literalidad lo sigue siendo, pero ya no en sus potencias. Lo ha desconcertado la política enmascarada. Así que, Srs. ideólogos de El Mundo, su Manifiesto ha sufrido seria avería en sus propias manos. Lo siento, pero tengo que rectificar: NO. El manifiesto ya no es razonable“. En palabras de Marina: “Se ha convertido en un elemento más de la lucha partidista”. Marina teme que la iniciativa está condenada a “ser utilizada dentro de estrategias políticas con las que muchos firmantes no estarán de acuerdo”. Tarde, pero…
El hecho tan aireado por cierta prensa amarillista de que algunos académicos firmaron su adhesión a título personal llevaba al inocente lector a pensar que la RAE lo apoyaba. Nada más lejos. Su rápida reacción, igual que la de otras Academias de países latinoamericanos, le desmarca de un texto politizado con este comunicado (que no declaración; la RAE no puede hacerlas): “La Real Academia Española es una institución tricentenaria que ha trabajado y trabaja incansablemente por la unidad del español, su conocimiento, su uso correcto y su difusión. Manifiesta, por consiguiente, su extrañeza ante el hecho de que se pueda cuestionar esta labor o confundir sus funciones estatutarias”.
Como ha destacado Violeta Demonte, lingüista de indiscutible prestigio, “los cinco puntos/peticiones concretos del Manifiesto me parecen más una descripción de lo que hay -con alguna excepción digna de comentario, pero no propia de manifiesto- que una indicación de lo que debe haber”. Finalmente, nos preguntamos con J. C. Moreno (a cuyo último libro ya hemos dedicado nuestra atención en una reciente entrada) si este Manifiesto no es en realidad un buen ejemplo del nacionalismo lingüístico castellanista: “…se dice que “son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüísticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas”. Si esto es así, entonces no debería haberse dicho en el punto primero que el castellano goza del deber constitucional de ser conocido, porque las lenguas no gozan de derecho o deber alguno. Aquí se percibe de forma cristalina el nacionalismo lingüístico castellanista imperante en el manifiesto: sólo son las demás lenguas españolas las que carecen de derechos; el castellano tiene todos los derechos del mundo”.
En realidad, la argumentación del Manifiesto es deplorable. En el punto tercero se dice: “En las comunidades bilingües es un deseo encomiable aspirar a que todos los ciudadanos lleguen a conocer bien la lengua co-oficial. Pero tal aspiración puede ser solamente estimulada, no impuesta”. Claro que cuando se trata de trabajar en las instituciones del Estado, aunque estas se encuentren ubicadas en una comunidad territorial, no se trata de “un deseo encomiable”, sino de “un imperativo legal”.
Pero veamos tamben sus ventajas: en este país nos hemos enterado que desde barrios, pueblos, supermercados, gasolineras, asociaciones de amas de casa, de guardias civiles, hasta formaciones políticas de muy diferentes colores (incluida Falange Auténtica, que difícilmente se recuerda), artistas y deportistas, y un largo e incontable etc., han sido capaces de decir: ¡Aquí estamos… dispuestos a hacer algo en el mundo de las lenguas y culturas de este país!
Que pena que estos miles de ciudadanos y decenas de organizaciones, tan fácil y cómodamente movilizados por el Manifiesto, no se levanten una mañana y piensen que, ya puestos a defender una lengua común, saquemos pancartas a favor del inglés que es la verdadera lengua común de todos los españoles desde la educación de los años noventa, que ahora se continúa en las universidades que también la utilizan como lengua única de referencia común para la docencia y la investigación. Que se lo pregunten a los cientos de miles de españoles que ahora mismo, un verano más, están pagando sin rechistar el peaje de la lengua-autopista común para no perder el tren de la modernidad. ¡Ahí no hay crisis!

Dos autores, dos mundos, cuatro lenguas

Julio 5th, 2008

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El pasado 26 de junio se hizo público el galardón del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2008 a la autora Margaret Atwood. Defensora de casi todas las causas a las que el compromiso intelectual obliga -la dignidad de la mujer, la igualdad social y la denuncia de las políticas que la impiden, el ecologismo y la discriminación étnica- su obra presenta un perfil llamativo, el perfil del Jano bifronte que acompaña a todo escritor bilingüe. Canadiense de nacionalidad y de vocación, Margaret Atwood se enfrenta a su repertorio lingüístico con la naturalidad del que se ve dos manos o dos pies, la naturalidad de la percepción de algo que siempre estuvo ahí. En una entrevista recientemente concedida, cuestionada sobre sus preferencias por las lenguas de uso, el francés o el inglés, Atwood sorprende en su análisis: “Prefiero el francés para los adjetivos, el inglés para los nombres. El francés para los cumplidos, el inglés para las malas noticias”. Sin espacio para comentarios de más calado, lo que la autora dibuja es una relación entre lengua y experiencia mediada por la unicidad de la repuesta emocional, por la impresión de lo vivido. En el Canadá bilingüe el vecino de escalera de Atwood puede preferir el francés para comprar el pan y el inglés para leer las etiquetas de las latas de conserva mientras que el del piso inferior puede preferir el inglés para los adverbios y el francés para las preposiciones de lugar. Todas serán respuestas únicas, idiosincrásicas, determinadas por la impronta lingüística con la que la experiencia marcó a sus hablantes.
El mismo día 26 el diario EL PAÍS nos llamaba la atención de la muerte de Albert Cossery, escritor egipcio y príncipe de la pereza, en el logrado titular del obituario que nos deja Octavi Martí. Cossery falleció en su habitación del modesto hotel La Luissiane de París, la misma que había ocupado durante los últimos sesenta años. De padre rentista y madre analfabeta, Cossery debió ver natural dedicar toda su vida a especular con las palabras. “Yo escribo dos frases por semana”, confesaba. Esta dedicación le dio para concluir poco más de un libro cada diez años, los suficientes para revisar cualquier teoría de la lengua como vehículo de la expresión literaria. “Soy de cultura egipcia y lengua francesa, con un mundo egipcio. Pienso en árabe”, afirmaba. Siendo así, Cossery contaba con una lengua de pensamiento y otra de expresión, escribía un mundo que no vivía y vivía un mundo que no existía en su obra. Todo sin el menor atisbo de desasosiego ni disociación, con el elegante pañuelo asomando en el bolsillo del blazer y el gauloises humeante prendido de los labios.
Dos autores, dos mundos, cuatro lenguas. Atwood vinculando la palabra a la experiencia, Cossery reflejando una cultura en un idioma que no existe en su mente. Dos vidas memorables.

¡Linguafolio USA!

Junio 28th, 2008

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No es la primera vez que traemos este comentario aquí. Si insistimos en ello es porque seguimos observando (somos un Observatorio, ¿no?) que nadie alude a ello cuando habla de portfolios como herramienta de desarrollo curricular y evaluación o simplemente de desarrollo personal. Mientras que la información sobre el PEL, de patente europea (y no sólo porque su nombre así lo indique), y su propia experimentación en diferentes niveles educativos es ya bastante amplia, sigue desconociéndose la idea de que un buen número de Estados americanos se han sumado a una particular versión de nuestro PEL. ‘Casi’ es la primera vez (y a ver si alguien sabe de algunas otras; aquí lo hemos comentado ya) que una idea que tiene que ver con la enseñanza, aprendizaje y evaluación de lenguas avanza en la dirección de Europa a Estados Unidos y no a la inversa.
Bajo el impulso del National Council of State Supervisors for Languages (NCSSFL), los Estados de Nebraska, Indiana, Kentucky, Virginia, North Carolina, South Carolina, y Georgia han adoptado nuestra idea del PEL y la han adaptado a su realidad pilotando diferentes versiones (incluida una versión junior) de lo que denominan Linguafolio. Entre sus objetivos señalan:

• to encourage the learning of all languages,
• to emphasize the value of knowing many languages -plurilingualism and pluriculturalism,
• to contribute to global understanding,
• to promote autonomous learning and the ability to assess one’s skills,
• to facilitate articulation among language programs based on a clear and commonly accepted description of language proficiency,
• to serve as a tool to assess language learning,
• to recognize and value heritage languages,
• to promote language learning as a life-long endeavour.
¿Qué os parece la idea? Esperamos vuestros comentarios una vez que abráis los enlaces y analicéis sus contenidos con relación a nuestro PEL. Se admiten comparaciones.

¡Enhorabuena, Tzvetan Todorov!

Junio 21st, 2008

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El semiólogo e historiador francés de origen búlgaro Tzvetan Todorov ha obtenido el pasado dia 18 el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2008. Según el jurado, Todorov “representa en este momento el espíritu de la unidad de Europa, del Este y del Oeste, y el compromiso con los ideales de libertad, igualdad, integración y justicia“. De sus libros, destacamos uno por lo que tiene de actual para las preocupaciones que nos unen aquí: La conquista de América. El problema del otro. Siguiendo el pensamiento de la alteridad de Lévimas, Todorov se plantea la cuestión de cómo comportarse frente al otro y lo resuelve con la historia de nuestra conquista de América. En sus propias palabras: «Escribo este libro con el fin de que no caiga en el olvido este relato, ni otros miles más del mismo tenor. A la pregunta acerca de cómo comportarse frente al otro no encuentro más manera de responder que contando una historia ejemplar: la del descubrimiento y conquista de América. Al mismo tiempo, esta investigación ética es una reflexión sobre los signos, la interpretación y la comunicación: pues la semiótica no puede pensarse fuera de la relación con el otro.»
El libro aborda la visión que los europeos, particularmente los españoles, tuvieron acerca de aquellos a los que “descubrieron” en las tierras conquistadas. Todas las historias son contadas por los ganadores y la de la conquista de América no es menos. No tenemos ni tendremos jamás la visión de los indígenas sobre ellos mismos, o su concepción sobre sus otros, llámense europeos u otros indios; siempre veremos esta historia a través de los ojos y de las palabras de los occidentales, por lo que la historia que se cuenta es la historia de la sociedad europea en América: América como extensión de Europa, quedando muchas veces sus nativos en calidad de seres inferiores (animales), o inclusive en simples objetos. En el principio los europeos serán los españoles y portugueses; luego se les incorporarán los holandeses, ingleses, franceses. Sin embargo, si ha de existir en la actualidad un sentido de culpa (la leyenda negra), éste siempre recaerá en los españoles; después de todo, fuimos los que encontramos primero aquellas tierras.
Todorov nos da ejemplos del problema del otro, el conquistado, y reconoce claramente los avances tecnológicos del “yo” del conquistador. Según él, uno de los grandes problemas de los indígenas fue la incapacidad de su sistema comunicativo; es decir que ellos no manejaban el lenguaje de los conquistadores ni entendían sus costumbres. Todorov sugiere que es necesario conocer al otro para conocerse mejor. Su deseo de comprender, unir y comparar los dos lados, desde una perspectiva europea, sugiere que aún hoy existen las separaciones de continentes, países y culturas. Todorov nos presenta el problema del otro: el conocimiento europeo ante el conocimiento del indígena tratando de comparar el uso de las referencias textuales y cómo éstas contribuyeron a la historia de la conquista de las Américas. Para él, «el descubrimiento del otro tiene varios grados, desde el otro como objeto, confundido con el mundo que lo rodea, hasta el otro como sujeto, igual que yo, pero diferente de él, con un infinito de número de matices intermedios, bien podemos pasarnos la vida sin terminar nunca el descubrimiento pleno del otro».
Es muy interesante la relación entre Colón y los indígenas en este libro: Colón solía proyectar una identidad prefabricada al indígena. Presumía de entender lo que los indígenas querían decir e imponía su propio significado al discurso hablado de los indígenas. En realidad los indios no ocupaban ningún lugar en la hermenéutica de Colón. A veces, nos los describe como buenos y otras veces malos, dependiendo de la situación en que se encuentra… y nunca sale de sus propias percepciones. Nunca llega a conocer a los indios tal vez porque nunca llega a conocer bien a la propia tierra en que estos han crecido.
Para Todorov, el descubrimiento de América es el momento en el que el ego descubre la alteridad en un sentido moderno. Su análisis es toda una investigación de las modalidades a través de las cuales el europeo se apodera de la alteridad, en el encuentro con el indígena americano, a partir del nivel comunicativo.
¿Qué os lleva a pensar el tema? ¿Os resulta actual e interesante para nuestras pautas de educación lingüística e intercultural en la Europa de hoy? Esperamos vuestras sugerencias.

Estados inclusivos y democracias multiculturales

Junio 14th, 2008

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El Informe sobre Desarrollo Humano correspondiente a 2004 (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), centró su atención en “La libertad cultural en el mundo diverso de hoy”. Han pasado ya 4 años y el concepto de ‘choque cultural’ resuena con fuerza y de manera inquietante en todo el mundo, recobrando particular importancia la necesidad de respuestas a la antigua pregunta de ¿cómo manejar y atenuar de mejor forma los conflictos en torno al idioma, la religión, la cultura y la etnia?
Para los profesionales dedicados al tema del desarrollo no se trata de una pregunta abstracta. Si el mundo desea lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio y erradicar definitivamente la pobreza, primero debe enfrentar con éxito el desafío de construir sociedades inclusivas y diversas en términos culturales. Esto no sólo es necesario para que los países puedan dedicarse a otras prioridades, tales como el crecimiento económico y la prestación de servicios de salud y educación para todos los ciudadanos, sino porque permitir la expresión cultural plena de toda la gente es en sí un importante objetivo del desarrollo.
La democracia, el desarrollo equitativo y la cohesión del Estado son factores esenciales, pero también es necesario contar con políticas multiculturales que den cabida de manera explícita a las diferencias culturales. Claro que a la minoría que detenta el poder no le interesa perderlo y se resisten a estas políticas acusándolas, cínicamente, de ser antidemocráticas y poco equitativas. Pero nosotros sabemos que las políticas multiculturales no sólo son convenientes sino que además son factibles y necesarias; que los individuos tienen identidades múltiples y complejas; que las culturas distan mucho de ser estáticas, que -al contrario- están en constante evolución; y que al admitir que existen diferencias culturales es posible lograr resultados equitativos. La unidad del estado versus identidad etnocultural no es una alternativa bien planteada. No hay tal disyuntiva.
En el marco de la diversidad cultural, los ciudadanos -además de identificarse con su país- desarrollan un fuerte sentido de identidad también con su comunidad, sea ésta étnica, religiosa, en función de una lengua o de otro tipo. La mayoría de los estados temen que el reconocimiento de esas diferencias traiga consigo la fragmentación social e impida el desarrollo armónico de la sociedad. Y la política de la identidad así entendida acaba por ser considerada una amenaza para la unidad del estado. Además, dar cabida a las diferencias reviste un desafío político, de modo que muchos estados han recurrido o bien a suprimir tales identidades diversas o a ignorarlas en la esfera pública.
Las políticas de asimilación -que en general consideran la supresión absoluta de las identidades de los grupos nacionales, étnicos, religiosos o basados en una lengua- intentan limar las diferencias culturales entre los grupos. Las políticas de integración buscan reivindicar una única identidad nacional al intentar eliminar las diferencias etno-nacionales y culturales de la arena pública y política, aunque estén permitidas en el ámbito privado. Ambos conjuntos de políticas suponen la presencia de una identidad nacional única. Por todo ello, defendemos que rectificar la exclusión cultural de las minorías y de otros grupos marginados requiere políticas multiculturales explícitas para garantizar el reconocimiento cultural. En muchos países, incluso europeos, estas políticas son de total urgencia y, desde aquí, las reivindicamos.

La ideología del nacionalismo lingüístico

Junio 7th, 2008

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Muy a menudo se encienden las alarmas cuando alguien vincula la educación en lenguas con alguna de las muchas caras del poliedro ideológico. Hay quien pretende que las lenguas (y sus culturas), aún siendo vivas, carezcan de una valor ideológico en su dimensión educativa. Sencillamente eso es no saber nada de ellas. Como decimos, por ejemplo, en una de nuestra reflexiones (en el perfil biográfico del OAL lo podéis ver): «…ser profesor de lenguas y culturas también es, además de lo que todos sabemos que es, una opción política. Una opción política frente a las desigualdades. Y las desigualdades no están ahí para ser constatadas. Están ahí para resistirnos a ellas, primero, y para transformarlas después. ¿O alguien pone en duda que el ámbito de los aprendizajes de lenguas es un mundo de desigualdades en la presente sociedad de la cultura del mestizaje?».
Acaba de salir de imprenta un libro (El Nacionalismo lingüístico. Una ideología destructiva) que, en el poco tiempo de haber visto la luz, ha levantado un gran revuelo en este país: entre el gremio más conservador, por la consideración de su autor como un traidor; entre el gremio de nacionalistas radicales, por encontrar en él un argumento sobre el nacionalismo españolista esgrimido desde la propia lingüística.
Leemos en su contraportada: «Las lenguas, con todas sus riquezas, pluralidad y matices, deberían servir para comunicarnos, para expresar quiénes somos y qué sentimos, para describir el mundo y sus relaciones. Sin embargo en España y en otros países, se vienen utilizando como armas arrojadizas, causas de conflicto. Los discursos del nacionalismo (imperial-nacional o periférico-resistente) que versan sobre cuestiones lingüísticas –sea cual sea su origen y sus razones políticas, económicas o sociales- suelen valerse de una terminología pseudo-científica utilizada para justificar y legitimar situaciones de desigualdad política y cultural».
El libro, que os recomendamos vivamente, es una crítica al nacionalismo imperialista de lenguas como el chino, el indonesio, el ruso, el francés, el inglés y, obviamente, el español. El autor se centra en este último caso porque, como él mismo dice, es lo que mejor conoce, además de querer dejar constancia –como defiende en esta entrevista- de que “el castellano no está perseguido; ésa es una polémica ficticia”. Después de leer el libro y después de escuchar con qué pasión defiende la igualdad de todas las lenguas, no nos puede extrañar que cierta prensa española le considere prácticamente un traidor. En su presentación en Barcelona, organizada por Lingua Món–Casa de les Llengües, algunos han querido hacer explícito, de una forma nerviosa y rayando a veces la agresividad, que en Cataluña el catalán es una lengua imperialista. La respuesta del autor ha sido clara y contundente: el catalán sería imperialista si se quisiese imponer en Granada o en Galicia, querer ser la lengua de su propio territorio no tiene nada del imperialismo ni del nacionalismo lingüístico del que él habla…
El propósito de Moreno Cabrera, conocido por su defensa del plurilingüismo pasivo, es combatir los usos políticos de la lingüística, especialmente aquéllos que pretenden justificar que hay lenguas que son, intrínsecamente, superiores a las otras y que, por este motivo, han acontecido lenguas nacionales. Aclara que no va en contra del español, sino contra la ideología nacionalista española, que es profundamente agresiva y que se presenta escondida diciendo que los nacionalistas son los otros.
Como el autor declara en esta otra entrevista, «Mi libro es un termómetro para saber si uno es nacionalista o no. Si a uno le gusta es que no es nacionalista, ahora como no le guste… es que es nacionalista». El libro se articula en seis capítulos. En el primero, Lengua y nación: aspectos sociales y lingüísticos, analiza aspectos como el falso darvinismo lingüístico (que permite justificar tantas injusticias) y conceptos que tanto han sido manipulados como son los de lengua y dialecto, y el de lengua estándar. En un segundo, Nacionalismo lingüístico y discriminación, reflexiona sobre el nombre de la lengua nacional y explica cómo se pasó del castellano al español, y como esta lengua nacional se presenta como algo de superior a las otras lenguas. En el tercero, Nacionalismo lingüístico y colonialismo, trata temas como la lengua compañera del imperio colonial, la asimilación de los pueblos considerados ‘primitivos’. En el cuarto, Nacionalismo lingüístico e imperialismo, analiza la relación entre lengua e imperio económico (superada ahora la etapa del colonialismo) y destapa la ideología castellano-céntrica, dirigida desde Madrid, tanto de la Real Academia Española como del Instituto Cervantes, al cual no duda de tildar de megalómano en su tozudez de presentar el español como la lengua internacional con más proyección. En el quinto, Lingüística y nacionalismo lingüístico, vemos como una parte de los lingüistas se han puesto al servicio del nacionalismo lingüístico y como se usan los conceptos y términos técnicos de la ciencia para dar credibilidad científica a determinadas posiciones políticas. Y, finalmente, un sexto capítulo, donde analiza el estudio de J.C. Herreras, Lenguas y normalización en España (Gredos, 2006), ya que es un buen ejemplo de las nuevas formas que adopta el nacionalismo lingüístico español, el cual, con abundancia de datos pertinentes y bien estructuradas, distorsiona gravemente la realidad sociolingüística de las Comunidades autónomas con lengua propia. Como réplica, Moreno Cabrera defiende la política lingüística educativa de estas Comunidades si se quiere acabar con la idea que el castellano es la lengua realmente útil y las llamadas lenguas co-oficiales no son más que una molestia y una rémora.
Son especialmente interesantes los apartados en que demuestra el nacionalismo, casi racista, de autores como Menéndez Pidal, Alvar o Gregorio Salvador, empeñados en defender la superioridad de la lengua española como causa de su expansión primero en la península y después en América, y que, como sabemos, son la base del pensamiento que ha llevado a decir que el castellano nunca no se ha impuesto por la fuerza. En definitiva, un libro que intenta desenmascarar los usos ideológicos de los conceptos lingüísticos por parte del nacionalismo lingüístico español y donde el autor defiende sin tapujos la igualdad de todas las lenguas. Algo que desde este Observatorio también hemos defendido siempre compartiendo con Juan Carlos Moreno la idea básica de que no hay lenguas sin usuarios y que estos deben vivir en la igualdad y sólo así lo harán sus lenguas.

El loro que salvó una lengua

Mayo 31st, 2008

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Alexander Von Humboldt fue uno de los mayores y más intrépidos exploradores de la historia. Hasta el punto que el mismo Darwin lo llamaría “el más grande viajero científico de todos los tiempos”. Uno de sus principales intereses eran las tierras de América, y es allí donde encontraría un loro que había pertenecido al último hablante de la lengua aborigen de los atures.
Constantemente desaparecen lenguas en el mundo. De hecho, en el presente, y ‘gracias’ a la globalización, este problema ha aumentado a niveles nunca antes vistos. Sin embargo, este fenómeno no es algo nuevo y en el pasado, aunque a un ritmo mucho menor, múltiples lenguas tribales se extinguían tras grandes accidentes, como sequías prolongadas, guerras, tornados u otros tipos de catástrofes que dispersaban irremediablemente a sus pequeños números de parlantes.
Durante su travesía científica por América de 1799 a 1804 Humboldt notó esta problemática. Esto quedaría demostrado en su viaje a la región de San José de Maypure, lugar en el que vislumbraría un panorama desolador. Los indígenas atures que deseaba contactar, según le contaron pobladores de la zona, habían sido atacados por caribes, y ya nada quedaba de ellos. Tras unos días le harían llegar la noticia de que solo un pequeño vestigio de la lengua atur quedaba vivo, un viejo loro casi desplumado que había pertenecido a uno de los últimos atures. Humboldt invertiría gran cantidad de tiempo intentando comprender los gritos y parloteos del loro, logrando llegar a catalogar 40 palabras tras un duro y arduo trabajo. Si bien hoy en día varios lingüistas afirman que lo más probable es que con los años el loro deformara las palabras y estas en realidad no reflejen verdaderamente la fonética atur, las notas realizadas por Humboldt son, en efecto, el último legado y vestigio de su cultura.
Claro que como ha dicho recientemente Rosa Montero, a propósito de esta misma historia, “Déjame que te diga que hay casos peores, como el de esos dos ancianos del Estado de Tabasco, en el sureste de México, que son los dos últimos conocedores de la lengua zoque que hay en el mundo. Lo malo es que están enfadados y no se hablan. Somos más idiotas que los loros”.

Francia: ¿Estado multilingüe?

Mayo 24th, 2008

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Francia hace de la necesidad virtud y se desprende de uno de los elementos emblemáticos de su centralismo jacobino: el monopolio de la lengua francesa como única oficial frente a una realidad multilingüe que incluye a muchas otras.
La Asamblea Nacional francesa adoptó ayer, de forma casi unánime, una enmienda sorpresa al proyecto de ley sobre la reforma de las instituciones, que reconoce el catalán y el euskera como lenguas regionales que “pertenecen al patrimonio de la Nación“, junto con el corso, el provenzal, el occitano, el alsaciano y el bretón. Estas lenguas pasan, así, a estar protegidas por el artículo 1 de la Constitución. La situación es histórica y habrá que observarla en los meses que siguen.
La aprobación de esta enmienda llega sólo unas semanas después de que una propuesta similar fuera rechazada en el seno del Parlamento galo, eso sí, tras una sesión sin precedentes en la que, por primera vez en la historia de Francia, se incluía en el orden del día el debate sobre la situación de las lenguas denominadas “regionales”. Entonces, a pesar de rechazar la propuesta para modificar el artículo 2 -La lengua de la República es el Francés-, la ministra de Cultura, Christine Albanell, se comprometió ante los representantes de la oposición a estudiar cómo implantar un nuevo marco de referencia que regulara la existencia del euskera, el bretón, el catalán y otras lenguas que se hablan en la actualidad en el Estado galo y que incluso se imparten en escuelas infantiles privadas.
El hecho de que por primera vez la Constitución Francesa haga referencia a otras lenguas que no sean el francés es más que significativo ya que, hasta el momento, ni el euskera ni otras lenguas de algunas regiones existen en la República a efectos legales, puesto que no tienen ningún marco jurídico. Claro que, a pesar del amplio apoyo recibido ayer para aprobar esta enmienda, el texto forma parte de un proyecto de ley más amplio que pretende reformar las instituciones y que, por otras razones, afronta un futuro incierto, por lo que no está garantizada su aplicación definitiva.